Opinión

Lo que ha significado
el TLCAN para México

 
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TLCAN

La posibilidad de una cancelación del TLCAN o su dilución como mecanismo de integración regional implican un eventual debilitamiento de las reglas que, por más de dos décadas, han favorecido la confianza de los inversionistas en nuestro país.

El TLCAN significó para México la culminación de una etapa de cambios hacia la modernización económica. Como pieza central, a partir de mediados de los años ochenta del siglo pasado, se redujeron unilateralmente las barreras al comercio exterior y a la inversión extranjera.

La entrada al GATT en 1986 buscó formalizar la apertura. Otras medidas incluyeron la mejora de las finanzas públicas, la privatización y la desregulación.

El TLCAN, vigente desde 1994, permitió a México acelerar la liberalización económica mediante la disminución de trabas al intercambio comercial y a los flujos de capital. La reducción arancelaria fue más grande que las de Estados Unidos y Canadá.

Con el Tratado, México buscó ratificar su compromiso de largo plazo a favor de la permanencia y la profundización de las reformas. La adopción de las disciplinas del TLCAN, en varios aspectos más estrictas que las posteriormente incorporadas en la OMC, así como la percepción de que el acuerdo era permanente, amplió la certidumbre respecto al rumbo económico del país.

La incorporación de México como socio comercial de las dos naciones desarrolladas de Norteamérica mejoró su imagen frente al mundo. Además, se incrementó la cooperación regional en múltiples aspectos, más allá de las relaciones comerciales y de inversión.

El espíritu de colaboración quedó manifiesto con el apoyo financiero inmediato que Estados Unidos, junto con el FMI, brindó a México ante la crisis de 1995. Si bien, con cierta razón, algunos críticos señalaron el peligro de generar incentivos internacionales inadecuados, el rescate puede interpretarse como una medida de política exterior para dar tiempo a los reformadores de estabilizar la economía.

El balance del TLCAN para el país ha sido claramente positivo, si bien quedó corto respecto a los pronósticos optimistas de sus defensores originales. En particular, el acrecentamiento del comercio con Estados Unidos y Canadá ha propiciado la mayor eficiencia de muchas empresas, mediante los procesos de producción conjunta, así como la competencia de las importaciones.

De manera destacada, el TLCAN ha atraído montos considerables de inversión extrajera directa, los cuales han buscado aprovechar las oportunidades de la consolidación del mercado norteamericano con nuevas tecnología y mejores formas de operación.

La integración de México con Estados Unidos ha incrementado la sincronía en el dinamismo de la producción de ambas economías. Ello permitió a nuestro país superar rápidamente la crisis de 1995, basado en la robusta expansión económica de su vecino del norte.

Como era de esperar, el TLCAN no ha resuelto todos los problemas de México ni tenía por qué hacerlo. Empero, su aportación al desarrollo y la estabilidad económica ha sido notable.

Desafortunadamente, la postura de Estados Unidos ha dado un vuelco adverso al Tratado. En particular, la visión de potenciales ganancias mutuas que compartieron los constructores del TLCAN ha sido reemplazada con una interpretación anacrónica del comercio, según la cual para que un país gane el otro tiene que perder.

Sólo de esta forma pueden entenderse la obsesión de ese gobierno por reducir el déficit comercial con México y las medidas proteccionistas propuestas para su logro.

Por ejemplo, las reglas de contenido nacional y las restricciones a las compras gubernamentales son una vía de sustitución de importaciones. Y el debilitamiento de los mecanismos de resolución de controversias y la cláusula de extinción del Tratado a los cinco años buscan desalentar la subcontratación mexicana.

No es posible predecir el desenlace de la renegociación, aunque lo más probable es que el TLCAN se ablande o desaparezca. Las repercusiones son inciertas, pero pueden incluir un retroceso en la integración económica de los tres países.

El daño para México podría ser considerable. En particular, se desconocen las implicaciones de pasar de ser visto como 'socio' a 'competidor' de la economía más grande del mundo.

En tal escenario, a nuestro país le convendría implantar medidas que confirmen su compromiso con la apertura y la seguridad jurídica.

Una estrategia que debería llevar a cabo es reducir unilateralmente los aranceles a cero, siguiendo el ejemplo de Singapur. Con ello, México fortalecería el ambiente para la inversión, al tiempo que impulsaría la productividad. 

* Exsubgobernador del Banco de México y autor de Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006).

Twitter: @mansanchezgz

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