Opinión

Lo que el decálogo quiso decir

 
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Mariguana.

Después de analizar el decálogo presentado por el presidente Enrique Peña Nieto en la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre las Drogas (UNGASS) el día de ayer, la pregunta para el equipo del presidente: ¿para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo? ¿Por qué cancelaron la participación y después de nuevo agendaron su presencia creando cuestionamientos innecesarios a la figura del presidente?

Esto no es una crítica al presidente por la posición asumida por México ante este foro multilateral, sino porque su equipo se enredó tanto en redactar la posición que ya había asumido México en otros foros y la importancia de que el presidente entregara esta posición. Peña Nieto reconoció que “la guerra contra las drogas no ha funcionado” y dijo estar abierto a usar la mariguana para fines médicos y científicos. Además, expresó que dará “voz a quienes expresaron la necesidad de actualizar el marco normativo” para ese propósito.

Cuando el presidente subrayó la necesidad de cooperación internacional y hacer un frente común ante la delincuencia transnacional y exigir “mayor coordinación con las agencias especializadas”, México sigue reconociendo la peligrosidad de las organizaciones criminales que se benefician del tráfico de drogas y la necesidad de enfrentarlos en una forma mancomunada. Nada nuevo en esta posición, de hecho, es un reconocimiento de que la legalización de la producción de drogas no está en el horizonte, por lo menos desde la óptica mexicana.

Las declaraciones del decálogo referente a la necesidad de atender daños sociales del mercado ilícito de las drogas, atendiendo la adición como un problema de salud pública, proteger los derechos humanos, con penas proporcionales al daño, asegurando una óptica de género en estos programas –la mayoría de estas propuestas tienen un respaldo constitucional y político en muchos de los países. Otra declaración del decálogo donde hace referencia de promover programas globales para ayudar a la niñez y a personas jóvenes, obviamente no tendría detractores.

La parte del decálogo que busca “asegurar la disponibilidad y mejor acceso de sustancias controladas para fines médicos y científicos”, también no es tan controversial cuando uno considera que medicamentos relacionados con opiáceos es una fuente fundamental para controlar el dolor.

Básicamente el decálogo es una lista de obviedades de las posiciones en común que ha ido desarrollando no sólo el gobierno mexicano, sino gobiernos alrededor del mundo, buscando presionar al gobierno de Estados Unidos para abandonar su política antidroga prohibicionista.

También hay que recordar que en los últimos años ha sido el gobierno mexicano quien, participando en algunas instancias, en otras liderando, foros multinacionales este esfuerzo de transición a una política antidroga global menos prohibicionista a una “efectiva prevención y eficaz regulación”, evitando “criminalización de los consumidores” –como lo comentó el presidente Enrique Peña Nieto en la UNGASS. Tal vez lo único innovador de los comentarios del presidente Enrique Peña Nieto es la posición que ha tomado México de considerar la legalización de mariguana para usos medicinales. Lo interesante es que todo señala que México buscaría que esta política pública refleje la necesidad de las personas enfermas que podrían beneficiarse de algunos componentes de la cannabis y no como un mecanismo para legalizar el consumo lúdico, como sucedió en algunos estados en la Unión Americana, donde por un dolor de cabeza, puede buscar una receta médica para comprar varios cigarros de cannabis.

Así que podemos esperar a corto plazo la legalización de la cannabis en México para uso médico, y será mucho más lento el proceso de legalización para consumo lúdico.

Pero quedaron varios pendientes importantes por parte del gobierno que urge definir para poder implementar una política no existente de combate al crimen organizado. Por ejemplo, en este espacio escribí sobre cómo casi la mitad de la heroína que llega a Estados Unidos se produce en México –una cifra que ha aumentado 39 por ciento desde el 2008– y la mayoría del opio mexicano que termina procesado en heroína proviene de Guerrero, el 90 por ciento de la producción nacional de amapola depende del municipio de Iguala. La heroína desplazando a la mariguana como la generadora de ganancias para ocho cárteles que luchan por el poder territorial en Guerrero. Las muertes causadas por esta droga aumentaron al doble en los últimos dos años en la Unión Americana.

El decálogo de obviedades no respondió a esta realidad.

Twitter:@Amsalazar

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