Opinión

Lo mejor del III FICUNAM: extremando


I. EL IMAGINARIO BÁRBARO. En El acto de matar (Dinamarca-Noruega-RU, 2012), docuficción-shocking hiperambigua del autor total judiotexano de 38 años Joshua Oppenheimer (La historia completa de la venta de Louisiana 99, Las cintas de la globalización 03) codirigiendo con Christine Syn y un Anonymous muy socorrido, el horrendo vejete esmirriado de regreso de todas las drogas éxtasis Anwar Congo, el gordazo-mole cerdesco Herman Koto, el jefe supremo de las gangsteriles fuerzas paramilitares Ibrahim Sinik y hasta algún ministro en el poder hamponesco de Indonesia actual aceptan representar, con enorme entusiasmo casi infantil, pero de la manera más exagerada, histriónica ultra, insólita, delirante y abominable del mundo, ante la cámara neutra, las sesiones de bárbara tortura mortal...
 
... las ejecuciones sumarias y los incendios en vivo dentro de sus chozas ante mujeres o niños con que exterminaron, en lo personal, a miles de disidentes acusados de comunistas hacia 1965, que llegaron a sumar hasta 2 y medio millones de muertos. El imaginario bárbaro lleva a sus últimas consecuencias la conciencia ufana, fragmentaria y alucinada de los criminales de guerra y de guerra en la paz, de modo único e irrepetible dentro de la Historia del Cine, más allá de los graves trabajos sistemáticos del camboyano Panh (S-21, la máquina de matar de los Jemers Rojos 03), ahora con infraseres sádicos botados de risa más que humana, durante 157 minutos erizantes, al igual que en su tiempo Dusan Makavejev (WR-los misterios del organismo 69), el reconocido maestro de Oppenheimer en Harvard, antes de imaginar, poner en escena y actuar ellos mismos, además, creyéndose sus ídolos Al Pacino o John Wayne, sus pesadillas infernales más acerbamente ridículas, sus beatíficos sueños en un edén de comedia musical o de Ópera jawa (Nugroho 06) en contrahecha versión hollywoodesca junto a la cascada y los roles de sus víctimas para intuir lo que sentían al ser estrangulados con alambres brutalmente restirados para no hacer regueros de apestosa sangre inlavable.
 
Y el imaginario bárbaro amplifica lo atroz a través del simulacro en vez de disminuirlo, la profusión del simulacro y su casi lujuriosa metafísica hasta el vértigo, conjuntando un tropel de simios simbólicos comiendo carne sanguinolenta, cínicas confesiones a la hora del maquillaje inverosímil, momentos estallantes de soledad remordida, ante el espejo, una extorsión a los locatarios chinos de un mercado público en cine documental directo con cámara escondida y el desalmado destazamiento en vivo de un osito de peluche-bebé para mostrar cómo castigar a un acusado que se intentaba refugiar en un hijo para implorar perdón, para convertir El acto de matar en un El arte de matar, ominoso y extremo, suprafílmico, ¡por fin tu cine ilusorio hecho realidad!, al nivel de lo mind fucking más traumatizante y duradero, por encima de cualquier denuncia asimilable.
 
II. EL INCONSCIENTE REGIONAL. En Arraianos (España, 2012), deslumbrante docuficción del gallego formado en Cuba de 37 años Eloy Enciso Cachafeiro (mediometraje La clase 04, documental Pic-nic 07), hombres rudos y mujeres ásperas que son rústicos moradores curtidos en una región fron- teriza entre Galicia y Portugal (son Arraianos porque viven en la Raya) realizan sus labores cotidianas, cortan árboles, crían animales, despedazan a punta de palo trozos de hielo en la pileta, pero también recitan, reflexionan en voz alta, platican consejas y cuentos fabulosos, beben y cantan en la taberna coral, semejando habitar intemporales, o mejor aún fuera del tiempo, en un inhóspito paisaje con niebla a rabiar o para cortar a cuchillo.
 
El inconsciente regional alía una pictoricista fotografía texturológica de Mauro Herce con una estructuración parcial sobre escenas y frases de la pieza lírica 'El bosque' del poeta también gallego Jenaro Marinhas del Valle ("Avanzamos sin poder movernos") vehiculando imprevisibles conceptos filosóficos ('La esperanza en la desesperanza' / 'Nunca blanco y negro, hay matices, la vida es compleja') para hacer de la constatación de los límites del Bosque una serie de efusiones de la alegría filosófica con fondo de modo vida inteligentemente elemental. Y el inconsciente regional rebosa y es, a la vez, pintura, teatro, música, poesía y relampagueante cine flamígero cual al igual que su modelo Straub-Huillet (en especial Sicilia! 99) sin el cual no existiría, aunque en un modo más cálido y humanista, menos tieso, menos teórico y más contundente en sus relaciones entre literatura y cine, más cálida y flexible en sus interrelaciones humanas, laxas, rumbo a un principio-fin del mundo a carcajadas.
 
III. EL RETORNO DESMO- RALIZADO. En Avanti popolo (Brasil, 2012), brillante debut como autor completo hiperrealista del superochero judiomontevideano-paulino de 33 años Michael Wahrmann (cortos Abuelas 09, Oma 11), un anónimo Hijo exmilitante antidictatorial apenas cincuentón que sobrevivía en el extranjero como desaparecido político (André Gatti) regresa a la modesta casa natal en el interior brasileño sin lograr entablar relación afectiva posible con su septuagenario Padre (el director-leyenda Carlos Reichenbach falleciendo apenas concluido el rodaje) también deshecho pero asaltado por recuerdos de funestas marchas, represiones y exilios.
 
El retorno desmoralizado consuma el prodigio de tratar un tema excluido, inabordable por casi tabú en cine brasileño: los traumas dejados por varias décadas de dictaduras militares en el país, como en otros tantos de Latinoamérica, pero que, a diferencia de éste, sí han conseguido dirimir en términos fílmicos este asunto: una revisión memoriosa y memorial, adolorida y dolorosa, necesaria, reacia a cualquier forma de liquidacionismo, puesto que apoyada en planos largos e irritantes, campos vacíos de la tan polvorienta cuan hedionda sala-alcoba improvisada o de la calle (trans)descendente, evocaciones de época mediante peliculitas añorantes en super 8 numerosas acciones en off, canciones de folclor pequeñomarxistas como música maldita sólo rememorada (como intuida o dictada) por alguna banalizadora fuente radial balsámica.
 
Y el retorno desmoralizado se ha burlado sin misericordia de la derrota existencial, de la imposibilidad de comunicación familiar y de la conciencia vulnerada pequeñoburguesa de sus dos héroes, uno intentando rehabilitar un antiguo proyector descontinuadísimo con un iluminado técnico seudovanguardista chafota que pertenece a un ilusorio Dogma 2002 y el otro entendiéndose mejor con un perro llamado Ballena que ni siquiera lo pela o se desaparece a capricho, un emocionante Adelante Pueblo que nada mueve ni se mueve (ni conmueve), una tumba sin sosiego heterodoxamente humorística y coruscante, un homecoming-réquiem carente de rencor al pasado pero rehusándose al olvido como un canto coral de Bandiera Rossa en disco dañado y omitido hasta volverse un cántico solitario, remordido y final.