Opinión

Lo informal y lo ilegal

 
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ambulantes (Cuartoscuro/Archivo)

La economía informal es uno de los mayores problemas que aquejan a nuestra economía. También es uno de los más complejos. En esa complejidad radica el reto que enfrentará el gobierno que decida hacerle frente. La informalidad, desde su origen, representa un problema social, económico, fiscal, distributivo. Pero hay otro lado de la moneda: la informalidad también es una solución para aquel que no tiene otra alternativa de empleo o para que el que enfrenta enormes costos al intentar ser formal.

La economía informal en México representa aproximadamente la cuarta parte de la producción del país. Con los datos más recientes del Inegi, el valor agregado bruto de la economía informal es aproximadamente de tres mil 838 millones de pesos, contribuyendo con 24.8 por ciento del PIB. En términos de empleo, el Inegi proporciona diferentes medidas de informalidad. Es importante tener información adecuada sobre los diferentes ángulos de la informalidad, pero también es difícil transmitir la información con claridad.

Los últimos datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo arrojan una tasa de ocupación en el sector informal 1, de 27.3 por ciento, y una tasa de informalidad laboral 1, de 57.8 por ciento. La tasa de ocupación en el sector informal mide el porcentaje de la población ocupada que trabaja para una unidad económica que opera a partir de los recursos del hogar, pero sin constituirse como empresa, de modo que la actividad no tiene una situación identificable e independiente de ese hogar. La segunda medida que menciono, la tasa de informalidad laboral, se refiere a la proporción de la población ocupada que comprende a la suma, sin duplicar, de los ocupados que son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan, con aquellos cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo.

Es decir, la primera medida nos habla del empleo que surge de los recursos del hogar, y la segunda medida considera, adicionalmente, a los que su vínculo laboral no es reconocido por los empleadores. En esta medida “ampliada” se encuentra más de la mitad de la población ocupada del país, es decir 29 millones de personas.

Pero hablar de informalidad no es hablar de ilegalidad. En México lo informal no necesariamente es ilegal. La ilegalidad radica en la naturaleza del bien. La economía informal, en gran medida, no es ilegal. La informalidad genera un desequilibrio importante en las finanzas públicas: no paga impuestos pero sí usa recursos. En la medida en la que los empleados y los empleadores enfrenten mayores obstáculos para incorporarse al sector formal, el sector informal seguirá creciendo.

Hace un año se anunció el programa Crezcamos juntos como parte de una estrategia de combate a la informalidad. Bajo este programa, se le dan incentivos fiscales a quienes se vuelvan formales. Es un esquema aún muy joven para evaluar sus resultados, pero será interesante ver si los que se están incorporando al sector formal bajo este programa se quedarán en él una vez que empiecen a pagar impuestos, pues durante los primeros años se les exentará. Desde mi punto de vista, es un programa que premia a la informalidad, cuando creo que lo que se tendría que premiar es la formalidad.

Sin embargo, reconozco que es un primer acercamiento a resolver un problema a todas luces complejo. Al parecer, en los próximos meses veremos el inicio de una campaña para promover la formalidad, una campaña mediática como las que ya hemos visto con anterioridad, como la de cuidar el agua hace ya varios años. No me atrevo a anticipar el resultado, algunas de estas campañas han sido exitosas y espero que esta así lo sea.

Sin embargo, considero que el mejor camino para fomentar la formalidad, es premiarla. Premiar al formal otorgándole buenos servicios. Saber que pagar impuestos repercutirá en mejor calidad de las calles, buenas instalaciones eléctricas, en mayor seguridad. La mejor forma de incentivar la formalidad es que se vea, se viva y se perciba el buen uso de los recursos.

Si lo que queremos es que el sector formal crezca, hay que premiarlo.

Twitter: @ValeriaMoy

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