Opinión

Lo “bueno” de la caída en los precios del crudo

Si le digo que tal vez la caída de los precios del petróleo puede ser una buena noticia para México, tal vez pensará que el pavo que consumí en Navidad me afectó y estoy viendo la economía de cabeza.

Pues no. Déjeme presentarle algunos argumentos antes de que llegue a esa conclusión.

A diferencia de lo que ocurría en la década de los 80 y de los 90, el boom de las exportaciones derivado de TLC condujo a que México dejara de ser una “economía petrolizada”, como lo fue por dos décadas o como ocurre hoy con las economías de los países árabes o la de Venezuela o Rusia, por citar algunos casos.

De acuerdo con los datos más recientes de las Cuentas Nacionales, la producción de hidrocarburos en México representa 5.7 por ciento del PIB. Hasta octubre significó 11.2 por ciento de las exportaciones y hasta ese mismo mes equivalió a 31.7 por ciento de los ingresos del sector público.

La industria manufacturera es mucho más importante para la economía mexicana que el petróleo. Representa 16.9 por ciento del PIB y 84.7 por ciento de las exportaciones. No así para las finanzas públicas, por eso la relevancia de haber obtenido la cobertura en 79 dólares por barril.

Imagine un extremo. Piense usted que tenemos un precio del crudo de más de 100 dólares para la mezcla mexicana pero que hay recesión en Estados Unidos y la industria exportadora padece.

Ahora imagine el otro extremo, y considere que hay precios de la mezcla mexicana de menos de 50 dólares pero que la industria exportadora va viento en popa.

Si hubiera que elegir alguno de estos dos extremos, al país, a usted y a mí, nos convendría más la segunda condición.

Claro que sería mejor que todo fuera viento en popa, pero a veces no se puede.

De hecho, el bajo precio del petróleo es uno de los factores que van a producir un mayor crecimiento en Estados Unidos, aunque pegue a algunas entidades como Texas o Dakota del Norte.

Una de las primeras muestras del impacto que tiene este comportamiento de los precios ya lo obtuvimos en el tercer trimestre del año, cuando la economía estadounidense creció 5.0 por ciento, la mayor expansión trimestral desde 2003.

En México, el crecimiento del IGAE en octubre, de 2.54 por ciento, ha conducido a una variación anual acumulada en 10 meses de 2.02 por ciento, lo que apunta a un fin de 2014 con una tasa de 2.2 a 2.3, como establece la mayoría de las previsiones.

De proseguir el ritmo económico en la dirección que va hasta ahora, tendremos probablemente un primer trimestre de 2015 ya con un crecimiento más elevado.

En realidad, el problema que debe irse visualizando desde ahora es lo que viene para 2016.

Si los precios del crudo se mantienen bajos, como indican los pronósticos, entonces va a ser virtualmente imposible obtener coberturas a niveles de más de 50-55 dólares, lo que generará restricciones fiscales mayores y el desafío de recaudar más, gastar menos o endeudarse más, o todo junto.

Cualquiera de las tres opciones será un problema.

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