Opinión

Llegó el tiempo
del crecimiento

Hoy comienza formalmente la etapa de esta administración que le va a apuntar al crecimiento.

Con el anuncio de la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, cuyos detalles habrán de conocerse hoy, comienza un ciclo en el cual la construcción de infraestructura será una de las palancas esenciales del crecimiento y, en general, el acelerar el ritmo de la economía tendrá un énfasis mayor que en los primeros dos años del actual gobierno.

La dimensión del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México lo convierte en la obra individual más importante de los últimos años en el país. Pero, adicionalmente, ayer se revelaron diversos proyectos para la construcción de infraestructura de transporte en el Valle de México, que van a sumar varios cientos de millones de dólares. Sume lo anterior a la construcción de los trenes México–Querétaro, y México–Toluca, así como a gasoductos y centrales eléctricas.

Súmele puertos, carreteras, renovación urbana y otros ingredientes, y tendrá una idea de la magnitud de lo que viene.

Cuando se mira la dimensión conjunta de todas estas obras, se entiende que haya confianza en la dinamización de la actividad económica, usando como eje a la industria de la construcción.

Ponga sobre la mesa las nuevas inversiones de la industria automotriz; el crecimiento de la llamada anteriormente industria maquiladora, y en general de las manufacturas, y encontrará que no es un sueño guajiro crecer a tasas de 4 a 5 por ciento.

En el mediano plazo, la palanca del crecimiento será la competitividad derivada de menores costos en energía y telecomunicaciones. Eso debe dar a la manufactura suficientes elementos para atraer cuantiosas inversiones.

En este año y el que sigue, cuando todavía no se concreten de manera general los efectos de las reformas energética y telecomunicaciones, será esencialmente el impulso al mercado interno que ofrezca la construcción lo que pueda marcar la diferencia con los meses anteriores.

No sé si el crecimiento del PIB en este año vaya a llegar al 2.7 por ciento, como estima Hacienda y el IMEF considera viable. O bien, si la tasa se quedará en el 2.47 por ciento, que marca el consenso de expertos que mes con mes publica el Banco de México. Creo que va a estar en algún punto intermedio y que no va a ofrecer mayor diferencia, caiga en un extremo o en otro.

En cualquiera de los dos escenarios, terminaríamos el año con tasas de crecimiento superiores al 3 por ciento.

Lo relevante será si ese ritmo se mantiene y se acelera en el 2015.

No me cabe duda que para el 2016 y 2017 hay más ingredientes para pensar en que las tasas van a ser más elevadas… siempre y cuando las reformas se aterricen correctamente.

Ya lo he comentado en este espacio, y no me cansaré de decirlo. La clave del éxito de la administración de Peña es que siga pensando en que lo relevante es el crecimiento que habrá de heredarse a las próximas generaciones y no el que se obtendrá antes de las próximas elecciones.

Si de todas maneras despega el país antes de junio de 2015, será muy bueno. Pero las prioridades no deben confundirse.

Twitter:@E_Q_