Opinión

Llamado del Papa a decrecer

 
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Papa

“Si no volvemos atrás, vamos para abajo” pero “el hombre es un estúpido, es un testarudo que no ve (…) y luego está el Dios de bolsillo (…) tantas decisiones, tantas contradicciones dependen del dinero”. Así se expresaba el Papa Francisco al responder a preguntas sobre la sucesión de huracanes intensos por todo el planeta y otros fenómenos ambientales recientes. Lo hizo a su regreso de Colombia, el domingo.
Se refería a quienes niegan, como Trump, no el calentamiento de los océanos que contribuye a hacer las tempestades y los huracanes estacionales más intensos, sino a quienes no quieren ver responsabilidad humana en el fenómeno, porque no les conviene.

Decenas de miles de estudios sobre el cambio climático coinciden en al menos dos cosas: el calentamiento del planeta es causado por las emisiones industriales, y queda muy poco tiempo para evitar situaciones irreversibles más graves.

China y Estados Unidos son las economías que más gases de efecto invernadero lanzan a la atmósfera; antes de la llegada de Trump, la discusión era que Estados Unidos se había desarrollado contaminando y China exigía las mismas ventajas. Ahora Trump rechaza que las actividades productivas sean la causa del calentamiento y retira a su gobierno de todo intento global de aplicar medidas correctivas.

Las medidas que hoy parecen más radicales y que probablemente se tendrán que aceptar como ineludibles dentro de muy pocos años, están contenidas en la encíclica papal “sobre el cuidado de la casa común”, del 24 de mayo de 2015.

La encíclica es un severo cuestionamiento a la idea contemporánea del “progreso” basado en el crecimiento económico, guiado por el “concepto mágico del mercado”; propone «cambiar el modelo de desarrollo global» a partir de que la voluntad de la gente vuelva a prevalecer sobre la lógica de las utilidades económicas.

Su propuesta medular es “detener un poco la marcha, poner algunos límites racionales e incluso volver atrás antes que sea tarde. Ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo, aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes”.

La teoría del decrecimiento económico argumenta que en el mundo se produce y se consume como si dispusiéramos de 1.25 planetas y que, si todos consumiéramos lo mismo que un estadounidense medio, se necesitarían cinco planetas para que la naturaleza pudiera reponer lo que se le extrae y procesar lo que se le devuelve en deshechos.

Decrecer es una utopía, dada la racionalidad capitalista y el poderío de los intereses económicos dominantes, pero el razonamiento detrás de la propuesta es muy poderoso: el sistema actual de negocios abusó de la naturaleza al grado de poner en riesgo la vida en el planeta.
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