Opinión

¿Listos para cambiar
en 2016?

  
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Junta de ejecutivos

Bienvenido al 2016.

No requerimos ser egresado del doctorado del MIT o Harvard para darnos cuenta de que este año “trae lo suyo”. Su perfil, desde hace nueve meses, se sabía complejo, para decir lo menos.

Muchos factores internos, pero también los internacionales impondrán condiciones de competencia que demandan a emprendedores, al talento, a los empresarios, a mostrar lo mejor que de ellos se pueda obtener.

Aunque en ocasiones son los empresarios los primeros en complicar la situación de la empresa.

Los empresarios mexicanos estamos poco dispuestos a cambiar, La “gran masa empresarial mexicana” ni siquiera distingue que de no cambiar pudiera dejar de mantenerse en el mercado.

Un ejemplo digno de recomendarse está en uno de los capítulos de la serie “The Profit” que en América Latina llegó como “El Socio”.

Esta serie iniciada en 2013 lleva como eje del reality a un empresario nacido en Beirut y adoptado en Miami por un matrimonio de estadounidenses: Marcus Lemonis quien es un hombre de empresa multimillonario con un par de negocios que le permiten invertir algunos cientos de miles de dólares en pequeñas empresas con problemas en curso.

El capítulo que presencié esta semana refiere el caso de una florería exitosísima, Jacob Maause, con sede en Pasadena, California, que llegó a ser responsable de vestir con arreglos florales eventos en la Casa Blanca y en las fiestas y eventos presidenciales en Norteamérica para no olvidar el Torneos de las Rosas en California.

En manos de su creador, este negocio llegó a presentar ventas por más de seis mil 500 millones de dólares anuales. Pero el dueño original falleció en 2010 dejando en manos de su esposa y de Hank, uno de sus hijos, el trayecto empresarial de la florería o “floristería” como ellos dicen.

El resultado es que el “joven” de 50 años, al amparo de un dominio de su madre, verdadera artífice del negocio, demuestra que no sólo no tiene nada debajo de su cinturón sino tampoco visión empresarial ni ganas de hacer de su negocio uno exitoso.

No tiene control de inventarios; no sabe cuánto cuestan sus arreglos, que en algunos casos son más caros del precio de venta o conceden acaso 5.0 por ciento de utilidad; no controla a su personal, ni tiene ganas de que le compren arreglos florales.

La empresa tiene un adeudo superior a 300 mil dólares al menos en ese entonces (2013 en la grabación original) con serios problemas de funcionamiento que hasta una persona sin conocimiento empresarial pudiera reconocer.

Lemonis pone 100 mil dólares y varios más en la transformación del negocio con la idea de obtener 25 por ciento de las utilidades que se presentaran luego de su incorporación a la empresa que fue aceptada no sólo por el “dueño” de la empresa, sino por su madre.

Hasta el más “tarugo” de los empresarios le hubiese aceptado y agradecido. No Hank, por supuesto.

La renovación incluyó cambiar lámparas, retirar las telarañas, reorganizar la disposición de la mercancía, renovar el look de las camionetas de entrega de arreglos, exhibir el trabajo de conformación de los arreglos para mostrar “el espectáculo”, retirar inventario que llevaba ocioso desde hacía tres años, retiro de mercancía que no era fundamental en el core business (como eran velas en todas sus expresiones), reubicar a personal sin conocimiento en la parte empresarial y generar una nueva dinámica profesional y en la comunidad de trabajo representada por una treintena de trabajadores conscientes de que el negocio iba en plena caída libre.

Pero al “dueño” acabó no gustándole los cambios en los que no confiaba. No le gustó que alguien más metiera las manos en el negocio a pesar de estar consciente de que los números evidenciaban que la empresa iba mal y de mal en peor.

El caso es que, para no quitar tiempo de lectura, el “dueño” decide echarse atrás en menos de un mes y regresarle al eje del reality su dinero para evitar que el cambio se profundice y que él pierda el control de un negocio que en realidad nunca tubo bajo control.

Y el asunto lleva al inicio de este 2016. El escenario dispuesto en el papel exigirá cambios importantes en la forma de conducir a las empresas Pyme en este país y ello demanda hacer estas preguntas:

¿Reconocemos la necesidad del cambio? ¿Estamos dispuestos a ejercerlo?

¿Sabemos qué cambio necesitamos? ¿Cómo reconocerlo? ¿Cómo liderearlo? ¿Qué buscamos? ¿Cómo medir los resultados?

Conociendo a cientos o miles de empresas Pyme mexicanas, el sentimiento que me queda como testigo es que las más de las empresas no han sido capaces de vislumbrar los riesgos a los que se enfrentarán, no tienen claro qué tendrán que cambiar y por ende no saben hacia dónde tendrían que hacerlo y mucho menos tienen la voluntad para hacerlo.

Ni siquiera reconocen los riesgos que tienen enfrente. Caminan como zombies, por inercia.

Si finalmente este 2016 que inicia trae lo que muchos imaginamos, las consecuencias de no ejercer cambios en la empresa destinados a garantizar su profesionalización serán muy altas, por lo que la pregunta es la misma con la que iniciamos esta colaboración:

¿Listos para cambiar en 2016?

A todos ustedes, generosos lectores, mi agradecimiento por su paciencia y mis mejores deseos para este 2016. Que en su vida reine la salud, la armonía y de posible la bonanza.

Twitter: @ETORREBLANCAJ

Correo: dirección@universopyme.com.mx

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