Opinión

Línea 12: una estafa impune

La Línea 12 del Metro comienza a presentar estragos en aquellos tramos donde no se interrumpió el servicio, lo que implica un riesgo de descarrilamiento que en caso de presentarse va a acabar en tragedia.

Es el legado de Marcelo Ebrard, que nos dejó la peor obra pública de que se tenga conocimiento en la historia moderna, a un costo superior a los 40 mil millones de pesos, y por la cual nadie da la cara.

Para evitar dejar sin transporte a cientos de miles de capitalinos, se mantuvo el funcionamiento de la Línea 12 en los tramos que no son elevados, pero los desperfectos afloran y son inmunes a parches.

Ayer el diario Reforma dio a conocer que las correcciones (reperfilado) hechas a la curva 37, en el tramo que va de Atlalilco a Mixcoac (aún en operación), no funcionaron y los rieles presentan nuevas huellas de desgaste, aún peores que antes del reperfilado, que se realizó a finales de mayo de este año.

La Línea 12 es un desastre. No hay reperfilado que valga, pues los trenes no sirven para esas vías.

Y la construcción de los trenes se hizo por adjudicación directa a la empresa española CAF, sin concurso de por medio, a un costo de 18 mil millones de pesos que los capitalinos vamos pagando a “módicas anualidades” de mil 300 millones de pesos.

Compraron trenes de un tamaño de suburbanos, con ruedas para soportar esa carga específica, y se construyeron vías para un Metro normal, como los demás que hay en el Distrito Federal.

No puede haber obra pública más caótica. La infraestructura iba a costar 14 mil millones de pesos y costó 23 mil millones de pesos. Y no sirve para los trenes que se adquirieron en España.

Desde Italia se trajo una máquina reperfiladora para corregir el desgaste ondulatorio del tramo elevado, pero al observarse que el desgaste estaba también en zonas que actualmente se encuentran en operación, se empleó para corregir el desgaste de la curva 37.

El resultado fue negativo. Esa maquinaria tampoco va a servir para el tramo elevado, que no está en funcionamiento, pues el problema sigue siendo el mismo: las vías no sirven para esos trenes.

De acuerdo con el reporte final de la empresa Systra, contratada para hacer el diagnóstico de fallas de la Línea 12, se advierte que “un arrastre de metal o una melladura en una aguja, modifica el punto de contacto de la pestaña sobre la aguja, y puede entrañar descarrilamiento por subida de la rueda sobre el riel”.

Además de la chapuza que hicieron con vías que no sirven para los trenes, hay que sumar el hecho de que esa obra, de manera absolutamente anómala, subió el costo estimado casi al doble, de 14 mil a 23 mil millones de pesos.

De igual forma, se agrega que los andenes del Metro fueron hechos para otros trenes, pues son más largos que los que actualmente operan.
Y que la Secretaría de la Función Pública detectó que 489 millones de pesos de fondos federales entregados a la administración Ebrard para esa obra, no pudieron ser justificados.

Es demasiado grande la estafa como para que nadie dé la cara.