Opinión

Línea 12: justicia poética

La venganza es dulce cuando la sangre está fría. Y cuando llega sin buscarla, es maní caído del cielo. No hay que tener mucha imaginación para suponer la sonrisa del jefe de gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, y el director del Metro, Joel Ortega, cuando mediante una decisión tajante, evitaron un potencial accidente en el sistema de transporte público, y cerraron parcialmente la obra más ambiciosa del gobierno de Marcelo Ebrard, que usaba para pavimentar su camino a la presidencia del PRD este año y a la eventual candidatura de la izquierda en las elecciones presidenciales en 2018.

La decisión fue para evitar una tragedia en la Línea 12 del Metro, una vena de comunicación de medio millón de personas que diariamente cruzan de oriente a poniente la ciudad de México. Ebrard la bautizó como “la línea dorada”, su gran legado a la capital federal. Moderna, majestuosa bajo la lógica goebbeliana que debía verse para recordarse, siempre estuvo llena de problemas y alarmas a los cuales no ignoró, sino que trabajó para taparlos.

Ebrard dejó guardianes para que lo protegieran mientras careciera de blindaje político. Uno es el senador Mario Delgado, su secretario de Finanzas que revisó y aprobó los costos de la Línea 12, y otro es el diputado local Adrián Michel, su Oficial Mayor, que firmó todos los dineros para esa obra. Mejores porteros no podía tener: sabían el destino y la aplicación de esos recursos, y eran parte del entramado legal de los contratos. Para evitar que alguien husmeara en donde no debían, Ebrard pidió que la operación se resguardara en el Comité de Transparencia hasta 2020.

La opacidad como recurso de su gobierno. Para la obra de la Línea 12 instauró el Proyecto México, una área del gobierno capitalino autónomo del Metro. Para dirigirlo contrató a Enrique Horcasitas, por 20 años empleado de ICA, que junto con Carso y la empresa francesa Alstom, ganó la licitación de la obra. En ese trío de empresas llamadas El Consorcio, era tan evidente el conflicto de interés de Horcasitas, que Ebrard recibió un extrañamiento de la Auditoría Superior de la Federación porque Luis Horcasitas, hermano del director del Proyecto Metro, era director de ingeniería de ICA, y durante la obra fue ascendido a vicepresidente.

La Línea 12 tenía un costo original de 21 mil millones de pesos, pero por “circunstancias extraordinariamente no previstas” -que no se sabrán hasta que se abra la documentación de la obra-, se elevó en mil millones de pesos. En marzo del año pasado se detectaron que faltaban 31 escaleras eléctricas, cinco elevadores y puertas en los andenes, por lo que había un faltante adicional de mil millones de pesos. Pero además, el gobierno de Ebrard hizo una travesura en vísperas de terminar su gestión: modificó un contrato de publicidad dentro del Metro con el Corporativo Isa, tres años antes de que venciera el vigente.

Suficientemente extraño en sí mismo, lo fue más cuando se modificó la contraprestación que establecía que el 80 por ciento de los ingresos de la publicidad fuera para el gobierno del Distrito Federal, y el 20 por ciento restante para la empresa. El nuevo contrato, ya no por los tres años restantes, sino por 10, establecía exactamente lo inverso: 80 por ciento para Isa y 20 por ciento para el gobierno capitalino. En paralelo le otorgó un contrato por ese mismo periodo para los llamados bajopuentes, que es la publicidad en los túneles de las vías rápidas. Varias de las permanentes campañas del senador Delgado fueron hechas en espectaculares de Isa.

Las irregularidades en la Línea 12 llegaron a Mancera y Ortega como un acto de justicia poética. Mancera ha sido hostigado por Ebrard a través de sus personeros en el Senado, el Congreso y la Asamblea de Representantes, que han buscado crearle una imagen negativa ante la opinión pública, y saboteado iniciativas en las cámaras. Ortega fue humillado por Ebrard para salvar a sus incondicionales, al sacrificarlo por la tragedia del antro News Divine en 2008. Avasallados antes, ahora están encima de su verdugo.

Ebrard no se quedó callado ante la suspensión parcial en la Línea 12. “Estoy muy tranquilo y orgulloso de esa línea, y respaldo que la autoridad considera que debe hacerse una suspensión”, dijo. “Ellos tienen la responsabilidad operativa. Yo estoy tranquilo y limpio de cualquier proceso”.

Pero no está limpio ni está libre de responsabilidad. Quiere trasladársela hoy a Horcasitas, quien tendrá mucho que explicar sobre la obra, la construcción, el destino de todos los dineros, Ebrard, Delgado y Michel, para evitar que sus anteriores jefes lo usen como chivo expiatorio.