Opinión

Licitación petrolera, bocanada de aire fresco

 
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Exploración de aguas profundas de Pemex. (Tomada de @Pemex)

“Licitación histórica; gran logro; éxito rotundo”. Algunos de los calificativos o autoelogios de autoridades y participantes, para los resultados de la cuarta subasta de la Ronda Uno de campos petroleros, que correspondió a la exploración y eventual producción en aguas profundas del Golfo de México, así como a la primera asociación (farm out) de Pemex con empresas privadas. Los bloques subastados eran los más atractivos por el potencial de operación y rentabilidad que ofrecen en comparación con los que se asignaron en licitaciones anteriores y en los que las grandes compañías petroleras internacionales tenían mayor interés como resultado de la reforma energética.

Sin duda, la mejor subasta de las realizadas hasta ahora y que constituye una bocanada de aire fresco en el mar de malas noticias: Trump, depreciación cambiaria, desaceleración de la economía, confianza del consumidor y empresarial por los suelos, revisión del TLCAN, aumento de tasas de interés, debilidad de las finanzas públicas, sobreendeudamiento público, renuncia en Banxico. ¡Uff! Tal vez el resultado más importante es que se establece una señal favorable sobre el futuro económico y productivo de México, y de su capacidad para atraer inversiones.

Los principales resultados fueron: de los diez bloques que se licitaron se asignaron ocho, lo que superó el 40 por ciento que las autoridades consideraban un éxito aunque ahora sí se tiraron al piso en las expectativas. Se estima que la inversión será de hasta 41 mil 780 millones de dólares, de los cuales 18 por ciento correspondería a la asociación con Pemex en el campo Trion, 39 por ciento en los campos de la frontera marítima con Estados Unidos (Cinturón Plegado Perdido) y 56 por ciento en los ubicados frente a las costas de Veracruz y Tabasco (Cuenca Salina); sin embargo, en realidad la inversión 'garantizada' sería del orden de 800 millones de dólares, ya que el resto dependería del éxito que se tenga en la exploración —y posterior producción— al que se le asigna una probabilidad de 10 a 60 por ciento de acuerdo con los valores históricos registrados en el Golfo de México. Así, todavía son cuentas alegres, al igual que el anuncio de la autoridad de que los nuevos contratos producirían 900 mil barriles diarios en 10 años, incluyendo 120 mil de Trión, cuando ni siquiera se ha delimitado con detalle el área del campo.

Algunas sorpresas. Se ofrecieron porcentajes de regalías de hasta seis veces el valor mínimo requerido (de entre 5.0 y 27 por ciento adicionales) e inversiones de hasta 1.5 veces las establecidas, lo que indica que para esta subasta la Secretaría de Hacienda y Crédito Público redujo los parámetros base para ofertar. Ahora el reto estará en que las inversiones sean rentables para las empresas privadas a esos niveles de regalías. También destacó la falta de competencia por los bloques subastados, en los que sólo en tres hubo más de un oferente, en cinco sólo uno y en dos ninguno. Aunque nadie duda de la transparencia del proceso el día de la subasta, pareciera que todo 'se acomodó' para que las asignaciones correspondieran a un campo por oferente; por cierto, ello no es extraño que ocurra en otras partes del mundo como Estados Unidos y Noruega.

En cuanto a la asociación de Pemex con BHP Billiton, la primera con una empresa privada en exploración y producción de hidrocarburos y que se suma a la de refinación en Texas (refinería de Deer Park con Shell) y en petroquímica con varias empresas privadas (Braskem-Idesa, Mexichem) habrá que evaluar si la empresa productiva del Estado no queda como mero espectador, ya que la empresa australiana tendrá 60 por ciento de la participación en la operación e inversión del campo Trion. Sin duda se trata de un bloque que podría haberse licitado sin asociación con Pemex; qué bueno que no fue así y que su primer 'matrimonio' le rinda frutos en aprendizaje y experiencia en la explotación de aguas profundas.

En resumen, buenos resultados a corto plazo para mejorar —en algo— las expectativas, que esperemos se materialicen en los próximos años.

Twitter: @ruizfunes

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