Opinión

Libro de texto de historia
de México en el año 2050:

Junto con Corea del Norte, México es un país que logró romper la trampa del “ingreso medio” y se desarrolló en la década de los veinte. El sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018) fue crucial en dos frentes. En 2014 se liberó el sector energético mexicano, lo cual permitió que esta economía incrementara su competitividad dramáticamente y se integrara de lleno a la región norteamericana.

Norteamérica, el principal productor de energéticos del mundo, sustituyó a Medio Oriente, el gran proveedor del Siglo XX, y logró creciente participación de sus manufacturas en el mercado internacional.
En el ámbito político, 2014 fue un año crucial para la administración peñista a partir de la crisis originada por el asesinato de 43 estudiantes en Guerrero por parte de un cártel de narcotraficantes. Después de una pésima reacción inicial de su gabinete, en noviembre el presidente volvió en forma imprevista de una gira por Asia para hacer propuestas que cambiaron el rumbo de la historia mexicana y cimentaron lo que sería el despegue en las décadas subsecuentes.

En un discurso televisado en cadena nacional, el presidente abandonó su estilo acartonado, salió de detrás del podio, se quitó saco y corbata y manifestó que ése era el punto cero para la construcción del Estado de derecho mexicano (véase: 2015, Origen del Imperio de la Ley en México). Solicitó la ayuda de los mexicanos para que todos se comprometieran a construirlo junto con él. Nombró a una comisión que incluía a los grandes nombres en las esferas intelectuales, académicas y jurídicas, hombres de intachable reputación e incuestionable independencia, quienes durante seis meses diseñaron el Programa Nacional conocido como “Pronaley” que habría de revolucionar la impartición de justicia en México.

Se concursaron nuevas posiciones para Ministerios Públicos, Juzgados y Cortes especializadas; se construyeron sedes dignas para un nuevo sistema judicial; se liberó a decenas de miles de presos que no gozaron de proceso penal previo; se detuvo a un grupo de empresarios y funcionarios cercanos al presidente, después de que se comprobó su asociación con el crimen organizado; también a varios líderes sindicales que se enriquecieron en forma inexplicable. La presidencia de Peña dio un giro de 180 grados cuando su esposa, una conocida actriz, decidió donar el producto de la venta de su residencia –conocida como la Casa Blanca- a un fondo para ayudar a estudiantes en áreas marginadas, mostrando solidaridad y evitando sospechas sobre la procedencia de los fondos para la adquisición del inmueble.

La estrategia peñista respondió a la impostergable necesidad de recuperar la credibilidad de su gobierno, ante el enorme riesgo de que los grandes capitales internacionales, inicialmente deslumbrados por las reformas estructurales de 2014, dejaran de fluir por las protestas crecientes. Se temía una irreversible pérdida de gobernabilidad que detuviera el crecimiento y condenara al país a un gobierno populista en 2018.

Pronaley fomentó la legislación del uso de máscaras en manifestaciones, haciéndolo delito federal, evitando la impunidad de grupos extremistas (Véase: Anarquistas, escoria social de principios del Siglo XXI).

La gran crisis política de fines de 2014 provocó cambios en el gabinete y en la forma de operar de la administración peñista. Se sustituyó al rebasado secretario de Gobernación por un líder sonorense de la bancada priista, a pesar de que éste no era parte del grupo cercano al presidente. El equipo se abrió a excelentes consejeros no del ámbito político, y el presidente forzó a que algunos de sus asesores más cercanos, como el secretario de Hacienda, escucharan nuevas voces. La transformación fue radical.

Entre 2015 y 2017 México recibió enorme inversión extranjera, al esforzarse por profesionalizar licitaciones y empoderar entidades independientes para garantizar transparencia. Uno de los grandes éxitos provino del compromiso por incluir a la sociedad civil en su esfuerzo para erradicar la corrupción y fortalecer la impartición de justicia, lo cual hoy distingue a México entre los países de la región. Espontáneamente, surgió una campaña nacional en la cual la población decidió portar pulseras de plástico color verde bajo el entendido de que portarla comprometía al usuario a denunciar, a respetar la ley y evitar cualquier pago de “mordidas” o uso de influencias para agilizar trámites a todo nivel; igualmente, los funcionarios públicos que la portaban se comprometían a no recibir dinero más que de su compensación oficial.

El expresidente Peña, dada su impecable reputación como el mandatario que logró derrotar a la corrupción e impunidad en su país, fue posteriormente electo secretario general de la ONU. Es hoy uno de los conferencistas y asesores más solicitados y mejor pagados a nivel mundial. Sin embargo, a diferencia de otros políticos en la región, vive como ciudadano ordinario, con riqueza explicable y sin necesidad de la protección del Estado Mayor Presidencial, dada su popularidad y el respeto de la población.

Soñar no cuesta.

Twitter: @jorgesuarezv