Opinión

Ley mexicana de marcas: ¿adiós a las no tradicionales?

14 diciembre 2016 5:0
 
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Old Parr. (Rose Wine)

Uno de los daños colaterales del advenimiento de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos es el casi inminente abandono de un indispensable cambio modernizador en nuestra legislación de propiedad industrial, que derivaría en la adopción de las llamadas “marcas no tradicionales”.

Este extraño efecto carambola es el resultado de una secuencia de hechos predecibles que entendemos se dará de la forma siguiente: i) Estados Unidos abandona la mesa de negociaciones del TPP, cumpliendo con el anuncio ya formulado de su próximo presidente; ii) aunque nuestro país ya firmó el acuerdo, el Senado no dará trámite a su aprobación ante la ausencia repentina de interés por mantenernos dentro; iii) México ya no tendrá la obligación de adoptar los estándares de observancia de derechos de Propiedad intelectual que el TPP nos impondría; iv. nuestras leyes en la materia descansarán intocadas hasta que alguna nueva exigencia internacional las despierte de su largo sueño.

Hay que recordar que de los 30 capítulos que conforman el Tratado, el que corresponde a Propiedad intelectual es el más robusto y pretensioso, por lo que su impacto en las leyes internas de los países miembros sería trascendental. En el caso particular de marcas, la inclusión de las llamadas “marcas no tradicionales” ofrecía un campo nuevo a la creatividad mercadotécnica que refrescaría la trillada manera de distinguir productos y servicios en el mercado. Sin duda, en materia de signos distintivos éste era el cambio más esperado.

El que una legislación de marcas se abra para recibir nuevas formas de manifestación de la distintividad no parece escapar del ámbito técnico que suele acompañar a estos temas. Sin embargo, por la naturaleza de nuestro mercado y la necesidad de estimular nuestra economía interna, la propuesta resulta particularmente sugestiva.

Entre los tipos de marcas que forman el grupo de las “no tradicionales” encabezan la lista las llamadas “marcas sonoras”, que son las formadas por toda clase de sonidos que logran identificar un producto o un servicio, como el de los tonos de un celular al encender. Otro tipo muy socorrido, a pesar de las dificultades que presentan para ser registradas son las “marcas olfativas”, que en giros como el de los productores de perfumes se convierten en indispensables.

Dentro de este largo espectro un tipo de marca que ensancha sensiblemente las posibilidades de distintividad son las “táctiles”, formadas por superficies que al contacto con los dedos proporcionan un elemento de identidad al consumidor. La botella de “Old Parr”, con su vidrio troquelado puede explicar bien este efecto. Y de las marcas más promisorias en este nuevo horizonte, las que incluyen movimiento parecen representar el mayor desafío, y la mejor oportunidad para la creatividad empresarial. Una marca formada por el movimiento de apertura de las puertas de un Lamborghini, o la tradicional barra de colores de una barbería, o los llamativos hologramas, o las rutinas cinéticas de las marcas que aparecen en aplicaciones y sitios de internet, son algunos ejemplos.

Facilitar a los emprendedores y empresarios mecanismos que permitan identificarse en mercados sobresaturados de ofertas no es un tema menor, especialmente en países en los que los estándares de protección han sido limitados. Habilitar nuevas formas para combatir la falsificación y la competencia desleal debe pretenderse como un fin justificado en sí mismo.

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