Opinión

Ley de productividad

Aunque usted no lo crea, el presidente envió a la Cámara de Diputados una iniciativa de “Ley para Impulsar el Incremento Sostenido de la Productividad y la Competitividad de la Economía Nacional.” En una primera leída, se parece mucho a la estructura de la Ley de Planeación, que también deriva de los artículos 25 y 26 de la Constitución.

No cabe duda que el problema económico de México es una productividad muy reducida, y que crece muy poco. Esto impide salarios más altos, y por lo mismo un mercado interno sólido, pero también impide competir en los mercados internacionales. Pero el problema de la productividad no es parejo. En marzo pasado, el McKinsey Global Institute (MGI) publicó un estudio de este tema para México. En el estudio, MGI encuentra tres grupos. Uno, de las empresas con 10 o menos trabajadores, con una productividad que en 2009 era de cuatro mil pesos mensuales por trabajador (o cuatro mil dólares anuales).

El segundo grupo, de empresas de entre 11 y 500 trabajadores, con una productividad de 14 mil pesos mensuales; y el tercero, empresas de más de 500 trabajadores, que producen 44 mil pesos mensuales. Más importante: el primer grupo pierde productividad a un ritmo de 6.5 por ciento al año, el segundo está casi estancado (crece 1.0 por ciento anual), y el tercero crece cada año 5.8 por ciento. Por eso cuando se promedia todo, la productividad en México no crece, porque el primer grupo se desploma, mientras el tercero crece al ritmo de cualquier país exitoso.

Hace un par de meses, el Inegi publicó información que permite todavía un mayor detalle, de donde puedo comentarle algunos datos. Si divido la población en tres grupos, como MGI, pero no por tamaño de empresa, sino por salario, encuentro que el primer tercio efectivamente produce muy poco: cinco mil pesos en este 2014. Y la remuneración de quienes trabajan en ese grupo es mucho menor: mil 600 pesos, menos de un salario mínimo. Estos 15 millones de mexicanos son casi todos informales, ocho millones en el campo, tres millones en construcción, tres en trabajo doméstico, y un millón formal: un poco en el campo y el otro en trabajo doméstico.

El segundo grupo tiene una productividad de 20 mil pesos mensuales, y una remuneración promedio de poco más de cinco mil pesos, casi tres salarios mínimos. Son 16 millones, de los cuales seis son comercio informal, otros cinco millones de informales en casi todos los sectores restantes, y al final, cerca de cinco millones de trabajadores formales: en comercio y en servicios de apoyo a negocios. En el tercer grupo, más o menos del mismo tamaño, está casi toda la economía formal, la productividad promedia 55 mil pesos, y las remuneraciones casi 17 mil pesos, poco más de nueve salarios mínimos.

Por eso me preocupa la idea de subir el salario mínimo, y ahora me preocupa la ley de productividad. Según los datos, muy pocos trabajadores formales ganan un salario mínimo, de forma que subirlo no tendrá efecto. O, si suben todos los salarios, sí será un problema. Con la productividad es lo mismo. El problema de productividad, como se ve, es la informalidad, para la que las leyes son irrelevantes. Pero si, además, hacemos una ley de productividad como la de planeación, es seguro que no servirá de nada. No, me equivoco, será un estorbo, como lo han sido los artículos 25 y 26 desde que se inventaron hace poco más de 30 años.

Andan muy ocurrentes, y eso no es bueno.

Twitter: @macariomx