Crisis italiana
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Crisis italiana

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Crisis italiana

29/05/2018

En contraste, aparece en la escena un europeísta. ¡Al fin!

Tras años de parecer políticamente incorrecto defender a la Unión Europea, o de forma más abierta y directa, atacar y criticar a los detractores de la Europa unificada, el presidente italiano Sergio Mattarella –un siciliano de larga trayectoria política en el ocaso de su carrera y con 75 años de edad- da un manotazo en la mesa.

En el ejercicio de sus funciones constitucionales, después de casi tres meses (84 días) sin que los partidos vencedores en las últimas elecciones hayan llegado a un acuerdo para conformar gobierno, Mattarella se opuso tajantemente al candidato propuesto para ministro de Economía. Es un reconocido euroescéptico llamado Paolo Savona, que fue propuesto como un auténtico acto de choque -algunos lo consideran extorsión- por parte de Giusseppe Conte, el primer ministro designado, pero aún sin asumir el cargo y ejercer el poder.

Que diferencia con Theresa May –ella misma una defensora del Brexit- o con otros líderes europeos que ante la presión de los movimientos populistas, pseudorrenovadores de la política tradicional y alimentados por el antiestablishment. El presidente Mattarella, jefe de Estado, responsable de invitar a los líderes partidistas triunfadores a formar gobierno –según la tradición de las democracias parlamentarias-, se negó tajantemente a la candidatura: “provoca incertidumbre entre los mercados financieros y nuestros inversionistas por la permanencia en la Zona Euro”, señaló Mattarella el domingo por la noche en un mensaje televisivo, en el que remató: “La membresía con el euro es fundamental para el futuro de nuestro país y de nuestros jóvenes”.

Sin titubeos, sin caravanas a los populistas tan extendidos por el mundo, esos movimientos que crecen en España y en Alemania, y en el Reino Unido, el presidente italiano cerró el paso a que justamente un euroescéptico tuviera el timón de la economía.

Italia es poseedora de una de las deudas más grandes y graves de la Unión Europea, con 130 por ciento del PIB comprometido. Por ello, Mattarella fue un factor clave en zanjar cualquier duda al desechar al aspirante propuesto por la nueva coalición de gobierno compuesto por el Movimiento 5 Estrellas (33 por ciento de los votos) y la Liga Norte (17 por ciento de los votos en los comicios de marzo último).

Esta línea discursiva que ya hemos presenciado en años recientes, con políticos de izquierda o derecha, atacando a la Unión como la causa de todas sus desgracias, las elevadas cuotas de membresía, la burocracia eurocentralizada, ha sido leña candente para estos movimientos. Le retórica ataca a la burocracia, real y existente, costosa, pero asegura que sin ella el país estaría mejor, con una economía más fuerte, recuperando fuentes de empleo perdidas.

Muy parecido a Trump y sus armadoras de automóviles “robadas por los mexicanos”, cuando en realidad las perdieron frente a la automatización de las líneas de producción.

Este choque entre el Ejecutivo y la coalición para un gobierno nuevo, puede producir varios desenlaces: uno, la amenaza de unas nuevas elecciones que blandieron desafiantes 5 Estrellas y la Liga Norte; un segundo donde acepten el veto del Ejecutivo y modifiquen la composición de su gabinete. Un tercero, por ahora el más viable, la prolongación indefinida de un país sin gobierno desde hace casi 85 días, ante los inminentes compromisos del G-8 y la cumbre europea.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.