Opinión

Lectura

 
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Lectura.

Desafiando toda seriedad demoscópica, Gil decía hace apenas unas horas en esta página del fondo que cada día que pasa las encuestas le parecen más artificiales, dudosas, incluso interesantes por sus rarezas.

Resulta que la Encuesta Nacional de Lectura y Escritura 2015 realizada por el Conaculta revela que los mexicanos leen 5.3 libros al año. Como lo ha oído usted: los mexicanos leen, sí señor, sí señora: puros para el caballero, chocolates para la dama. Ya decía Gamés que algo estaba pasando en México pues el chofer del Uber lo presionaba a Gil: dígame su opinión de la obra narrativa de Beckett, ¿usted cree que El innombrable prefigura la muerte del escritor? Caramba, pensó Gilga, los mexicanos están leyendo muy cañón y todo gracias a los avances en educación que reportan las pruebas de la OCDE. Gamés respiró profundo y dijo para sus adentros y sus afueras: México lee.

Gil lo leyó en su periódico Milenio: “Todo lo que tiende a subir es muy bueno”, afirmó Marina Núñez Bespalova, sorprendente y sorprendida directora de la Dirección General de Publicaciones de Conaculta. Cierto, lo que tiende a subir, a veces es bueno (no empiecen). Según Núñez Bespalova, uno de los factores que se han dado para el crecimiento es que la lectura ya es un hábito en las familias y dentro de la escuela, aparte de que los estímulos de la lectura “están rindiendo frutos”. Gilga pensó en unos frutos grandes, como papayas del más pródigo papayo.

¿Dónde leyó esto Gil? Adivínelo el lector de cinco libros al año. ¿Gutiérrez Nájera? ¿Tablada? ¿Díaz Mirón? Adivínelo el adivinador.

Metodología
Volvamos al punto, a Gil las encuestas cada vez le dicen menos. Por lo mismo, no se tragará el camote de que los mexicanos leen cinco libros anuales, aunque mil metodologías lo avalen. Si los mexicanos leen cinco libros al año, en el país habría un mercado flotante de 500 millones de libros en manos de lectores. Correcto, es un cálculo loco e incorrecto, pero entonces dónde están los cinco libros al año, ¿en las bibliotecas? ¿En las librerías? ¿Dónde rayos leen los mexicanos?

¿Saben una cosa?, en ninguna parte porque se trata de una encuesta que pregunta así: ¿le gusta leer? Sí, mucho, leo cinco libros al año. No jalen porque cobijan. De dónde sacan lo que no sacan, caracho.

Oigan esto: 44.3 por ciento de los entrevistados respondieron que leen libros por entretenimiento mientras que en la encuesta de 2006 sólo 9.2 por ciento afirmó que leía por placer. O sea: los lectores han comprendido que hay que leer La Cartuja de Parma de Stendhal y no La ética protestante de Max Weber. No le tiren mala onda a Gilga, pero la otra mañana, en el taller mecánico nadie lo atendía por la simple y sencilla razón de que unos leían a Stendhal y otros a Weber, pinches mecánicos.

Abanico
Lectora, lector, una pregunta: ¿de verdad ustedes creen que los mexicanos leen cinco libros al año? Sin mentir. Desde luego que no, ¡canastos!, si vamos a inventar una realidad alterna vamos a hacerlo, total: México, un país de sorpresivos lectores. Y de pronto, porque Dios es grande, el promedio de los libros leídos en México pasó de 2.9 a 5.3. ¿Cómo ocurrió? Sepa la bola, así nomás, como pasan las cosas en México. Pero si nuestros jóvenes tienen serios problemas para leer y comprender según los más recientes exámenes, ¿qué onda? Nada. Así nomás.

Gamés abandona el mullido sillón y juzga: ¿por qué no preguntan algo así?: ¿Cuáles son los últimos cinco libros que usted leyó en el último año? Gil se adelanta: los encuestadores no hacen esta pregunta porque la respuesta sería abrumadoramente descorazonadora: cero, nada de nada. Anden, arrojen jitomates a Gilga. La respuesta sería muy parecida a la que ofreció el candidato Peña en el infausto día, oh, sí. ¿Por qué Gil presupone que los mexicanos no leen? Por burro, correcto.

La hipótesis de Núñez Bespalova no deja de ser interesante: “los lectores tienen mayor variedad de plataformas de acceso a la lectura; lo digital ha entrado mucho en las nuevas generaciones, los nuevos lectores son muy jóvenes, utilizan plataformas digitales, tienen acceso a contenidos de lectura de manera libre o a través de pago. Hay un abanico muy grande de acceso al libro”. Dios de bondad.

La máxima de Groucho Marx espetó en el ático de las frases célebres: “Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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