Opinión

Lecciones de EU a Francia contra el terrorismo

Je suis Charlie Hebdo –Yo soy Charlie Hebdo– es la frase que simboliza por excelencia la reacción de solidaridad por las víctimas del terrorismo yihadista en París. Nous sommes tous Américains –Todos somos americanos– fue la frase que simbolizó, hace cerca de 14 años, la solidaridad del mundo y especialmente de Francia frente a los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.

Los atentados a Estados Unidos y Francia fueron ataques a los valores fundamentales de las democracias de Occidente perpetrados por un segmento radical del islam, que recurre al terrorismo para imponer su visión. Independientemente de su magnitud, ambos sembraron el terror y acabaron con vidas inocentes. Ambos eventos cimbraron a las sociedades estadounidense y francesa. Ambos eventos simbolizan un antes y un después en Estados Unidos y Francia.

¿Cuál será la reacción de Francia y qué lecciones puede extraer de la respuesta estadounidense? Más aún, ¿dilapidará François Hollande la solidaridad internacional que ha recibido del mundo, como en su momento lo hizo el presidente George W. Bush?

El contexto en ambos países durante los atentados era, evidentemente, distinto. Estados Unidos estaba gobernado por un presidente conservador que sólo llevaba siete meses en la Casa Blanca. Bush llegó a la presidencia después de una elección muy disputada, pero con un panorama interno e internacional muy benévolos. La economía estaba creciendo 4.0 por ciento y el desempleo se mantenía alrededor de cuatro. El escenario internacional lucía sin nubarrones; Washington disfrutaba la posición de hiperpotencia militar, pues la Unión Soviética se había derrumbado en 1989.

Hollande, por su parte, es el presidente de la quinta República (de 1958 a la fecha) más impopular. Está en su tercer año de gobierno y enfrenta un panorama interno y externo adverso y complejo. La economía francesa ha estado prácticamente parada los últimos tres años y con una gran incertidumbre hacia el futuro. Este año se espera un crecimiento menor a uno por ciento.

A raíz del 11 de septiembre, Bush recibió un cheque en blanco de su electorado para responder al terrorismo de Al Qaeda. El Capitolio aprobó en mes y medio la Ley Patriota que le otorgó al gobierno federal poderes de guerra para incluso violar algunas libertades individuales a través del espionaje.

La gran respuesta de Bush, sin embargo, estuvo en el frente externo. Fue una réplica militar con dos grandes intervenciones:en Afganistán e Irak. La segunda intervención, construida con base en falsos análisis de inteligencia y que pretendía derrocar a Sadam Husein, acabó dilapidando la enorme solidaridad interna y externa hacia Estados Unidos. Washington aún no se recupera. Los costos económicos, políticos y estratégicos de las guerras más caras de la historia –van cuatro trillones de dólares– aún no acaban de dimensionarse.

Hollande no recibirá un cheque en blanco pues su situación es más precaria. Sin embargo, su respuesta inicial mostró claramente dos frentes: seguridad y política. El primero fue la respuesta con la fuerza del Estado expresada en los policías que abatieron en dos días a los terroristas. El frente político está buscando impulsar la solidaridad nacional e internacional para evitar las divisiones y el odio que los propios actos terroristas intentan desencadenar, y atacar las raíces del problema.

La marcha por la libertad del domingo 11 de enero fue la  apuesta inicial para mantener la solidaridad interna e internacional. Cerca de cuatro millones de franceses estuvieron acompañados por más de 40 líderes del mundo. Hollande encabezó la marcha teniendo a su lado a la canciller federal alemana Merkel y muy cerca de él, también en primera línea, al primer ministro de Israel Netanyahu y al presidente de la Autoridad Palestina, Abbas, junto con la totalidad de los dirigentes europeos. El reto especial que tiene Francia y que no tenía Estados Unidos es que quienes perpetraron los ataques son terroristas franceses, lo que se conoce como terrorismo que crece en casa y que es altamente difícil de detectar.

La respuesta inicial de Francia ha sido bien recibida. Lo que el gobierno de Hollande tiene que evitar a toda costa es dilapidar, como lo hiciera Bush, la solidaridad internacional. Tendrá que preservar dos frentes de batalla –seguridad y política– y desarrollar una amplia labor diplomática. Francia no vaciló en utilizar su músculo policiaco y militar, pero estas acciones deben ir acompañadas de concertación con la clase política y buscar frentes comunes con socios europeos, Estados Unidos, Rusia, Israel y los propios dirigentes musulmanes.