Opinión

Lecciones de Croacia
y su política económica

 
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[Bloomberg]  Luego de que Alemania aprobará su ingreso, Croacia tiene previsto integrarse al grupo el 1 de julio. 

DUBROVNJK, Croacia.- Este pequeño país sólo cuenta con 4.3 millones de habitantes y anteriormente era parte de la antigua Yugoslavia, nación que era gobernada por Tito y estaba dentro de la órbita de la URSS.

Tenía un sistema económico comunista, es decir que la gran mayoría de las actividades y empresas eran controladas por el gobierno, pero hoy opera con base en el sistema económico de mercado.

A raíz del colapso de la cortina de hierro, que mantenía separados a los distintos países europeos en dos grandes grupos siguiendo el criterio de su sistema económico, Yugoslavia inició un proceso de desintegración, incluso violenta, que propició la guerra entre Croacia y Serbia-Montenegro, que duró de 1991 a 1995. La ciudad de Dubrovnik todavía tiene las heridas de los bombardeos que sufrió durante este episodio violento.

Hace sólo una generación hubo una violenta guerra en Europa y hoy Croacia ya se ha recuperado. Por ejemplo, antes de la crisis financiera global de 2009 su economía crecía a una tasa cercana a 5 por ciento y aunque en los siguientes años tuvo tasas negativas, hoy vuelve a crecer apoyado en el sector turístico, cuyos ingresos ya representan 15 por ciento de su PIB.

Parte de la recuperación de esta economía está sostenida en una correcta política monetaria, conjuntamente con un tipo de cambio flexible que permite absorber los choques externos con un menor impacto en el sector real. Esta estrategia incentiva la inversión privada, favorece las exportaciones y la venta de servicios al exterior, como el turismo.

Por su parte, en los países que tienen un tipo de cambio fijo o que utilizan una moneda externa la cual no pueden controlar, como es el caso del vecino país de Montenegro, los shocks externos impactan de manera importante a la actividad económica. Caídas en los flujos de capital, en la actividad económica externa o en las exportaciones tienen un efecto negativo que se absorben por medio de menores salarios y precios.

La situación es diferente cuando el tipo de cambio es flexible, ya que permite a los gobiernos absorber cambios externos drásticos, con un impacto menor en la economía. Sin embargo, para que este esquema opere de manera correcta se requiere de varias condiciones como la estabilidad en las finanzas públicas y un prudente manejo de la política monetaria. De aquí la importancia de la autonomía del Banco Central y de que los gobiernos no tengan un excesivo gasto público.

La situación ha sido diferente en el caso de Montenegro, vecina nación que tal vez tenga el récord de la inflación más alta que registra la historia moderna, al ser cercana a tres millones por ciento por seguir medidas populistas de controles de precios (muy parecidas a las que tiene Venezuela en este momento) y emisión excesiva de dinero por parte de su Banco Central. Para controlar esta hiperinflación finalmente el gobierno aceptó la circulación legal del marco alemán y ahora utiliza el euro como su moneda oficial aunque no sea miembro de la Eurozona.

Hace una generación ambas naciones vecinas estaban en guerra entre ellas con sus respectivas economías en caos, hoy Croacia tiene un PIB per cápita cercano a 15 mil dólares, mientras que Montenegro lo tiene a la mitad y es una de las naciones más pobres de Europa. La lección es clara de lo que México y otros países latinoamericanos deberíamos estar haciendo para poder crecer más.

El autor es economista.

Correo: benito.solis@solidea.com.mx

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