Opinión

¿Le entramos?

31 agosto 2017 5:0
 
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Puebla

Los límites de las organizaciones civiles fue el tema de mi columna de la semana pasada. Hoy escribo sobre la decisión que he tomado de aspirar a una candidatura al gobierno de Puebla en 2018.

En aquel texto argumenté que el límite de las organizaciones llega cuando, por más que luchan, no se logran los cambios que se proponen. Las organizaciones analizan, discuten, proponen, presionan, mueven y articulan demandas sociales, pero quienes toman las decisiones están en otro lugar, en el mundo político y del poder público. Ese es el límite, absolutamente normal, pues las organizaciones no fueron electas. El poder público sí lo fue, tiene un “mandato” popular que lo legitima y responsabiliza.

En los últimos meses esos límites me han generado frustración y la sensación de hartazgo por la negativa de los líderes políticos a hacer lo que deben hacer: ver por el bien común y deberse a los ciudadanos. Cada vez estoy más convencido que, si queremos realmente mejorar las cosas, debemos colocarnos ahí donde se toman las decisiones de interés público.

A esta frustración como punto de arranque, se sumó la conciencia de que la perspectiva política en Puebla es realmente lamentable. Pensar que nuevamente se perfila la sucesión de gobiernos que se han caracterizado por corrupción, arbitrariedad, abuso de poder y mal uso de los recursos, amén del abandono de la gente más vulnerable y la debilidad económica general, brindan un impulso adicional a entrar en la vida política. No es fácil, pero así es.

La invitación de un partido político a participar como aspirante a la contienda por la gubernatura de Puebla en 2018, de perfil eminentemente ciudadano, abrió la posibilidad real de ganar. De otra manera es muy difícil. El sistema político no está hecho para ello, al menos no para el caso particular de una gubernatura en un estado tan diverso y complejo como Puebla. Con el apoyo de un partido como Morena, se vuelve factible una candidatura ciudadana.

La aspiración no es menor: hacer de Puebla un caso emblemático a nivel nacional, en donde se demuestre que sí es posible hacer un gobierno tal como lo deseamos millones de mexicanos. Un gobierno honesto, eficaz, comprometido con la gente, con pleno respeto a los derechos esenciales de las personas. Un gobierno que estimule el crecimiento económico incluyente, en el que la innovación sea un baluarte.

Un gobierno en el que funcionen adecuadamente nuestras instituciones democráticas, con pesos y contrapesos reales, con separación de poderes, con autonomía efectiva en donde debe existir. Sería el primer estado de la República en donde los poderes legislativo y judicial no estarían sometidos al gobernador. Tampoco la Comisión de Transparencia ni el órgano electoral. Sería un estado donde el Sistema Nacional Anticorrupción operaría cabalmente, con efectividad y sin impunidad. En fin, un estado que pudiera ser ejemplo de lo que puede ser todo el país.

¿Por qué emprender esta difícil travesía con Morena? Primero, porque tengo afinidades importantes como la lucha contra la corrupción, el crecimiento incluyente y la igualdad de oportunidades. Existen diferencias, pero creo que un diálogo constructivo es posible y puede converger para cerrar brechas donde aparecen puntos de vista aparentemente irreconciliables. Con sensatez y apelando a que lo primordial es el bienestar de la gente, de manera sustentable, se pueden superar los obstáculos que surjan por intereses políticos.

Segundo, porque la invitación vino de Morena para participar en su proceso de designación, al cual me someto sin miramientos, con apertura y disposición para acoger una candidatura de un ciudadano no perteneciente a la clase política. Y por ello les estoy agradecido.

Junto con mi familia hemos tomado esta decisión, muy difícil para nosotros, pues significa entrar en un terreno desconocido, lleno de desafíos, pero convencidos de que Puebla y México no pueden seguir así. El hartazgo de millones de mexicanos es evidente. Me queda claro que debemos entrarle. No hay de otra y ojalá muchos ciudadanos honestos, preparados y comprometidos lo hagan también.

Por ello, a partir de hoy dejo la Dirección Ejecutiva del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, para delimitar claramente que el CEEY es una institución apartidista e independiente, con la que comparto los ideales que aquí he esbozado. Agradezco a su Consejo Directivo por la confianza y apoyo que me depositó en estos doce años, y a mis colegas por su trabajo, dedicación y amistad. 

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