Opinión

Laudato Si’: el cuidado de la casa común

 
1
 

 

Vaticano

Víctor Manuel Pérez Valera.

Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana.

Se acaba de celebrar el día de la diplomacia climática, del que México forma parte. Coincidiendo con esa celebración al día siguiente se publicó la Encíclica del Papa Francisco, Laudato Si’, El cuidado de la casa común. El documento es conmovedor, nos invitada a dialogar y a comprometernos sobre el futuro de nuestro mundo.

La encíclica comienza con el bello canto del "poverello" de Asís sobre la creación, en el que llama a la tierra nuestra hermana y nuestra madre: ella nos acompaña en nuestra vida y nos abraza en nuestra muerte.
Ahora bien, no es extraño que nuestra hermana proteste contra el abuso irresponsable de los bienes de la tierra...nos hemos creído dueños y propietarios, autorizados a saquearla. La violencia desatada por el corazón humano, herido por los poderes del mal, ha dañado el suelo, el aire, el agua y los seres vivientes.

Podríamos decir que la tierra "sufre y gime". Hemos olvidado la enseñanza de que, según el mito genesiaco y de Higinio, estamos hechos de tierra, de elementos del planeta, y de que el aire y el agua nos vivifican y nos restauran.

Decía Terencio, "nada de los humano me es ajeno", hoy podríamos añadir: "nada de nuestro mundo nos resulta indiferente". Se había dicho (Paulo VI) que la degradación del ambiente podría tener consecuencias dramáticas, y que existía el riesgo de que el mismo ser humano se degradara. En efecto, los extraordinarios progresos científicos y las proezas técnicas, si no toman en cuenta la Ética, podrían acribillar al ser humano. También se había advertido (Juan Pablo II), que ante la catástrofe ecológica se imponía una auténtica conversión. Era necesaria una profunda revisión de " nuestros estilos de vida, de los modelos de producción, de los paradigmas de consumo y de las estructuras de poder que no respetan el medio ambiente" Todo ello afecta profundamente la cultura y la convivencia humana.

El derroche y devaluación de la creación es producto del egoísmo, que sólo busca su propio provecho. Conviene señalar que otras religiones, además de la católica, han hecho también valiosas aportaciones sobre este tema. Urge pasar del consumo desbordado a la vida austera, de la avidez a la generosidad, del derroche egoísta al compartir altruista (Patriarca Bartolomé).

El Papa Bergoglio termina la introducción de la Encíclica evocando el gran ejemplo de San Francisco de Asís, hombre de alegría desbordante y de corazón universal, de vida sencilla en armonía con Dios y con los demás. Él consideraba inseparables el respeto a la naturaleza, la justicia a los pobres, el bien de la sociedad y la paz interior. Apreciaba afectuosamente las flores y las fieras...no era un romántico irracional, sino un místico del espíritu. Como un nuevo Platón con su "dialéctica del eros", San Francisco se elevaba de la belleza de las criaturas a la belleza de su autor.

La encíclica Laudato Si’ ha sido calificada como una ecología integral, un documento “gozoso y dramático”. Algunos no han comprendido el enfoque clave de la encíclica, creen que en las ciencias reside una nueva y esperanzadora ilusión mesiánica, que salvará al hombre y su mundo. Es cierto que es parte de la tarea del hombre el vivir cada vez de modo más pleno una vida más humana, y luchar por el auténtico progreso de la humanidad en todos los ámbitos: material, técnico y espiritual. Esto es parte del verdadero comportamiento ético y del auténtico ordenamiento moral. Existe el peligro de cultivar un progreso aparente, o de fascinarse por un progreso parcial, o peor aún, por un progreso inhumano. Existe la tentación real de que el afán de progreso excluya al hombre, a los más pobres, o no este a su servicio. Las potencialidades del poder de la ciencia y de la técnica son enormes, pero si no están orientadas por la ética, no sólo crean incertidumbre sobre el futuro de la humanidad, sino pueden propiciar situaciones reales de manipulación, alienación y degeneración del ser humano.

También te puede interesar

El Maestro, artesano espiritual

¿Exigibilidad de derechos en salud?

Muerte en las catacumbas