Opinión

Las 'trumpadas'

   
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Donald Trump

Trump no deja de sorprender. Lo tendremos un buen tiempo frente a nosotros, así que será mejor acostumbrarnos a su fanfarronería, su patanería y su locuacidad. Hace lo que quiere. Lo que otros presidentes no se hubieran ni atrevido a pensar –por considerarlo inviable o inadmisible–, él lo hace sin rubor alguno. Hasta ahora ha mantenido bajo control su racismo y su misoginia, pero no tardan en brotar. Su parte xenófoba no ha aflorado del todo. Solamente cuando se trata de México, el tipo vuelve a lanzar sus amenazas: se construirá el muro y los mexicanos pagaremos por él. Esas son sus trumpadas, y son serias; a este sujeto hay que tomarle casi todo en serio, ya ha dado muestras de que está consciente de que el discurso que lo hizo ganar es el mismo que lo mantendrá los primeros meses con suficiente oxígeno.

Otra de sus trumpadas fue la amenaza de que subiría los impuestos a quienes fabricaran de este lado de la frontera. En lo que es cierto o no, el solo hecho de que el presidente electo se ponga a tuitear al respecto ha generado que inversiones que iban específicamente a México se cancelaran. Por lo que parece, ningún empresario norteamericano está dispuesto a ser el que pruebe la voluntad del nuevo presidente.

El mejor publicista de Twitter es el futuro presidente de Estados Unidos. Ese es el instrumento de sus enojos y sus desmesuras. Desde ahí califica y descalifica, apoya y amenaza. Pero sobre todo, desde esa red social distrae la atención y hace que todos lo volteen a ver: por desatado, por arbitrario, por loco, por temerario, por lo que sea, pero todos lo voltean a ver. Le responde a Meryl Streep por ese medio, la ofende y pone a todos a opinar sobre lo que dijo la actriz y lo que dijo él. Pocos comentan que hizo renunciar a todos lo embajadores para el día de su toma de protesta. Ha convertido a Twitter en su sala de prensa.

Es claro que Trump le va a dar un vuelco al trato con la prensa en esa nación. Es muy posible que observemos cómo el país que se ufanaba
–y con justa razón– de su libertad de prensa, sufra censura directa de parte de su presidente. Los medios que eran buque insignia de esa libertad son señalados virulentamente por el presidente Trump como faltos de ética y poco profesionales. Gran parte de sus trumpadas se dan en el ámbito de los medios de comunicación.

Por otro lado, seguramente es la envidia de muchos mandatarios que se ajustan a la regla democrática de respetar a la prensa. Quizá de Peña no, porque él no contesta preguntas desde hace tiempo, así que no le preocupa, le gustan más preguntas como la que le hizo Lily Téllez en un penoso programa organizado por el Fondo de Cultura Económica: ¿Por qué es tan valiente, presidente? Pero más allá de eso, ya quisiera cualquier mandatario decirle a uno de los principales medios televisivos del mundo que son poco serios, unos mentirosos y negarse a darles la palabra. Ya en su campaña había vetado al New York Times. Juega rudo.

Las trumpadas continuarán. Las víctimas serán variadas. Pero hay un par de cosas seguras: los medios pagarán caro sus notas; la otra es que México pagará caro su vecindad y que seremos la diana a la que recurrentemente el presidente estadounidense tire sus dardos.

Twitter: @JuanIZavala

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