Opinión

Las prisas de Peña Nieto

En términos prácticos, de acuerdo a la propaganda oficial, el sexenio de Enrique Peña Nieto inicia hoy su relanzamiento.

Peña recibió un país con altos índices de criminalidad, pero con una economía estable; con un crecimiento mediocre, pero estable.

Casi dos años requirió el jefe del Ejecutivo para lograr las reformas que, desde su punto de vista, requería el país para competir con los más desarrollados.

Casi dos años de negociación y estrategia política, que sirvió para abonar el terreno de las transformaciones, justo como lo deseaba para sembrar las semillas del cambio.

El terreno está, finalmente, como lo quiso desde el principio de su mandato; ya se concretaron las reformas educativa, energética, fiscal, política, financiera, de telecomunicaciones, Ley de Amparo y la Laboral.

Es decir, Peña tiene ya los instrumentos jurídicos para sacarlo de la inercia que ha provocado un estancamiento económico y en general en los índices de bienestar, incluida la seguridad, que si bien registran movimientos marginales positivos, no son lo que se prometió y mucho menos lo que se esperaba.

Como dice Peña en los spots de su Segundo Informe de Gobierno, lo que sigue es poner en marcha las reformas.

Pero eso no será sencillo.

La enorme burocracia nacional es uno de los primeros muros que deben sortear las reformas peñistas; por años, las órdenes que se dictan desde los despachos del gabinete tardan meses o hasta años en “bajar’’ hacia las “bases’’ que deben operarlas.

Esa, desde luego, es una preocupación y un problema que debe enfrentar el gobierno; y no le será fácil, cuando evidentemente existe temor entre la burocracia nacional de que las reformas, como la educativa o la energética, significarán despidos.

Como sea, Peña llega a su Segundo Informe, el del relanzamiento de su administración, con el terreno abonado por las reformas, como quería para “mover a México’’.

A partir de hoy, sin duda, comenzarán las prisas y las exigencias ciudadanas. Resultados, pues.

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Por coincidencia –no creemos que Barack Obama le haya pedido opinión al jefe de gobierno del Distrito Federal (DF)–, el mandatario estadounidense planteó a su Congreso analizar la pertinencia de incrementar el salario mínimo que se paga por hora trabajada en su país.

Igual como pidió Miguel Mancera en México… a los empresarios del DF.
Como sabe, Mancera sugirió la semana pasada incrementar el salario mínimo de 67.29 pesos a 82.86 pesos diarios con el objetivo final de llegar a 171 pesos diarios en 2018, al finalizar el sexenio.

Obama dijo, al igual que el jefe de Gobierno capitalino, que una familia estadounidense no puede sobrevivir con un salario de 7.25 dólares por hora (elevar el salario mínimo en México para situarlo en 82.86 pesos, equivaldría a 6.37 dólares a un tipo de cambio de 13 pesos por dólar) y mucho menos sirve para abandonar la franja de pobreza.

Sin embargo, el gobierno mexicano y los representantes de los sectores empresarial y obrero mantienen su posición de que los salarios mínimos deben revisarse en diciembre, como se ha hecho desde hace por lo menos cuatro décadas.

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Durante la reunión del grupo parlamentario del PRI en el Senado, realizado la semana pasada en Veracruz, el secretario de Hacienda Luis Videgaray hizo una pausa para, ante todos los senadores priistas y el líder Emilio Gamboa, reconocer de manera amplia a la senadora Cristina Díaz por la campaña que hizo en todo el país, como dirigente de la CNOP, para difundir los beneficios de las reformas financiera y hacendaria.

Díaz es también una de las más entusiastas promotoras de la consulta popular para reducir en 100 los diputados federales plurinominales.

Evidentemente, el activismo de la dirigente de la CNOP tiene razón de ser: la candidatura al gobierno de Nuevo León. No la tiene fácil, pero tampoco la ha perdido.

Twitter: @adriantrejo