Opinión

Las preguntas sin respuesta no se olvidan,
se pudren

 
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Enrique Peña Nieto

En su columna del lunes en este diario, Cuando el presidente palideció, Raymundo Riva Palacio escribe sobre una comida del presidente Peña Nieto con un grupo de influyentes empresarios. En ésta, el presidente se preguntaba el por qué de los ataques a México en la prensa extranjera y se mencionó a Carlos Slim entre los posibles responsables.

De entrada, quien cree que el New York Times o el Wall Street Journal se someterían dócilmente a los deseos del accionista que sea, no conoce la dinámica en ese tipo de diario. El New York Times, que lleva 180 años de existir y es quizá el que mayor alcance tiene en el mundo, simplemente no permitiría intromisión en su línea editorial. La aseveración me recuerda al absurdo intento del presidente Fox por amordazar al prestigioso Financial Times inglés cuando escribió una dura crítica a Vamos México, la fundación de Marta Sahagún, durante su mandato.

Yo hubiera respondido a esa pregunta diciendo dos cosas. Primero, que es posible que algunos periodistas ahora estén tratando de sobre compensar, pues empeñaron su credibilidad al apostarle al Mexico moment, cuando muchos se mantuvieron escépticos debido al largo historial de corrupción y mediocridad de los gobiernos de México en general, y del PRI en particular.

¿Por qué tantos escándalos de corrupción en América Latina han sido desenmascarados por diarios estadounidenses? Lo hacen porque pueden, porque son medios independientes no sujetos a la censura local, con amplio acceso y presupuestos abundantes que les permiten emprender largos procesos de investigación periodística. Desenmascarar escándalos de corrupción vende periódicos. No es mucho más que eso.

Ciertamente, al gobierno de Estados Unidos le importa la evolución de los temas de corrupción locales. En un gobierno corrupto, los estadounidenses se quedan sin interlocutores confiables con quienes hablar sobre narcotráfico, por ejemplo. Saben que un gobierno invadido por la corrupción no pone límites, es presa fácil del crimen organizado. La corrupción debilita a la democracia.

En la medida en que la corrupción sea el modus operandi, las empresas estadounidenses estarán en clara desventaja. La FCPA (siglas en inglés de la ley anticorrupción y antiprácticas corruptas en el extranjero) penaliza severamente a empresas estadounidenses que corrompan a funcionarios públicos extranjeros. Hay un montón de casos de entidades sancionadas recientemente (www.sec.gov/spotlight/fcpa/fcpa-cases.shtml). Pero China, el principal competidor de Estados Unidos en la región, no tiene empacho alguno en repartir billetes a funcionarios de todos los niveles.

En una entrevista con Fareed Zakaria en CNN, el presidente Obama dijo que “los chinos tienen que jugar con las mismas reglas que los demás” (http://globalpublicsquare.blogs.cnn.com/2012/02/01/chinas-export-to-latin-america-corruption/). Por motivos geográficos, existe particular preocupación de que China haya estado repartiendo “mordidas” para adjudicarse contratos de infraestructura en México, justo antes de que empezaran las licitaciones de la nueva reforma energética. Lo último que Estados Unidos quiere es que los chinos se apoderen de ese sector, cuando ellos intentan que Norteamérica (Canadá, EU, México) se vuelva la nueva gran región generadora de energía en el mundo, alimentando a una pujante industria manufacturera regional. En el caso de la reforma de telecomunicaciones, el control chino de espectros en México amenazaría a la seguridad estadounidense.

Visto desde Estados Unidos, la falta de transparencia le resta atractivo a México. Como dice Riva Palacio, el problema no es necesariamente de legalidad, pero claramente sí de falta de legitimidad. Eso se traduce en una evidente, aunque incalculable, caída de la inversión extranjera en México. Nunca sabremos cuántos proyectos le están sacando la vuelta a un país que parece no estar comprometido a enfrentar sus problemas de corrupción. Nadie espera que se resuelvan de la noche a la mañana, pero sí que se reconozcan y enfrenten abiertamente, sin demagogia.

En vez de eso, los asesores del presidente Peña le aconsejan la estrategia equivocada y el presidente Peña parece esconderse. En su gira a París no dio conferencias de prensa y en Nueva York estuvo mucho menos presente que el año pasado. En ambos casos, no quieren exponerlo a que le pregunten sobre la 'casa blanca' y sobre Ayotzinapa. Él y sus asesores se han arrinconado solos, ocupando un reducido espacio desde el cual será imposible guiar la segunda mitad del sexenio, desde ahí no podrá articular una respuesta contra el populismo de cuya amenaza habló Peña Nieto ante la Asamblea General de la ONU.

Si siguen reprimiendo a periodistas razonables que los critican, en vez de reunirse y dialogar con ellos, dejarán que la narrativa la dicten los más radicales, que tienen poco que perder y están dispuestos a tomar ese riesgo. Siguen manejando su comunicación social como si fueran los noventa y las redes sociales no existieran.

Ojalá que el presidente entienda pronto que las preguntas sin respuesta no se olvidan, se pudren.

Twitter: @jorgesuarezv

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