Opinión

Las plataformas de los partidos deben tener atención ciudadana

En unos días más, apenas empiece octubre, dará inicio formal el proceso electoral correspondiente a los comicios del próximo mes de junio para elegir 500 diputados federales. Se echa a andar en consecuencia una enorme maquinaria tanto en el orden de los cada vez más complejos y numerosos órganos electorales, como al interior de los partidos políticos.

Uno de esos aspectos es el de las plataformas electorales. Probablemente a muchos lectores les suene extraño este concepto. De hecho lo es, aunque su anidación en las leyes electorales de nuestro país tiene ya un cuarto de siglo. Y sigue siendo para todo efecto práctico una figura desconocida. Y lo que es peor: minimizada, por no decir despreciada, por parte de quienes sí tienen su antecedente. Está ahí en la legislación electoral desde el famoso Cofipe de 1990. Después la retomaron casi todas las leyes electorales locales, pero también sólo como figura meramente decorativa.

¿Qué significa “Plataforma Electoral”? La ley no ofrece una definición del concepto, si bien hace referencia a él en varios de sus preceptos. Así, la novísima Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales apenas publicada en el Diario Oficial el pasado 23 de mayo, dice en su artículo 44 que una de las atribuciones del Consejo General del hoy llamado Instituto Nacional Electoral, INE, consiste en “registrar la plataforma electoral que para cada proceso electoral deben presentar los partidos políticos nacionales y candidatos en los términos de esta Ley”

Pero no dice qué exactamente es una “plataforma electoral”. La ley da por supuesto que sus lectores y quienes la deben observar y aplicar tienen una idea más o menos clara de lo que es. Tan es así que desde que esta figura fue incorporada a la legislación, como ya se dijo hace un cuarto de siglo, en ocho procesos electorales federales (desde el de 1991 hasta el de 2012) todos los partidos han dado cumplimiento a la disposición según la cual “para el registro de candidaturas a todo cargo de elección popular el partido político postulante deberá presentar y obtener el registro de la plataforma electoral que sus candidatos sostendrán a lo largo de las campañas políticas” (art. 236.1 de la nueva Ley).

Se puede documentar que el primer partido que incorporó en su práctica y actividades lo relativo a la “plataforma política”, fue Acción Nacional. Desde la primera vez que participó el PAN en unas elecciones con candidatos propios, en 1943, antes de la postulación de éstos primero discutió y aprobó la plataforma política que habrían de sostener ante los votantes en el curso de la campaña electoral. Claros signos de su seriedad como organización política y de respeto a los propios electores.

En un libro que el propio Acción Nacional publicó hace casi cuarenta años, en 1975, en el que se recopilan las plataformas políticas de sus campañas presidenciales, dice en su Introducción que estos documentos “no son un programa exhaustivo de gobierno, pero tampoco son una expresión doctrinaria” del respectivo partido.

Agrega en otro pasaje lo siguiente: “Las Plataformas Políticas no agotan los detalles programáticos, pero indican claramente las líneas firmes de un programa; no son la doctrina de un partido, pero aplican y expresan los Principios de Doctrinas de un partido. Tesis y praxis, al mismo tiempo, bisagra y acoplamiento de la una con la otra en una hipótesis dada”.

El tema da para mucho y resulta oportuno abordarlo, así sea esporádicamente, en las próximas semanas y meses con motivo de las cruciales elecciones de 2015. Es un importante aspecto de nuestra vida pública que se ha dejado relegado a pesar de su importancia. La mayoría de los partidos han llevado ante la autoridad electoral –y ésta registrado- verdaderos mamotretos con el título de “plataforma electoral”. El autor de estas líneas hizo en 2009 un análisis tan exhaustivo de esos documentos como le fue posible y llegó a esa conclusión: de que son simples documentos para salir del paso. Por el bien de la cosa pública esto no puede seguir así. Y al partido que lo haga debe costarle.