Opinión

Las nuevas reglas de la competencia

Que se haga la competencia, pero en los bueyes de mi compadre.
Este es un discurso muy socorrido del sector empresarial mexicano. Hay muchos que, de dientes para afuera ponderan las ventajas del libre mercado y la libre competencia, pero cuando se requiere que nivelen el terreno de juego con sus competidores, entonces cambia todo su discurso.

Cuando eso sucede ven al regulador como una parte del Estado intervencionista que pretende meterse donde no le importa y evitar la acción del mercado.

En México, sin embargo, tenemos toda una serie de bienes y servicios en donde hay evidencias de que existen prácticas anticompetitivas que impiden que los precios de los productos se muevan conforme se mueve el mercado internacional.

Le refiero por ejemplo el conocido caso del maíz y la tortilla.

El precio internacional del maíz está en 167.8 dólares por tonelada, lo que representa una baja de alrededor de 38 por ciento respecto al nivel que existía en el mismo mes del año pasado.

El precio promedio de las tortillas está en 12.46 por kilo en tortillerías y 9.85 pesos en autoservicios.

Hace un año, esos precios eran de 12.30 y 9.90 pesos, respectivamente.

¿Dónde quedó la reducción del precio del producto que debió haberse dado por la caída de precio de su principal insumo?

Obviamente, no podría haber caído en la misma proporción porque otros insumos como la energía eléctrica también subieron, pero ese comportamiento evidentemente muestra que hay algo extraño en algún punto de la cadena productiva de ese mercado.

Va otro caso.

A pesar de que se supone que hay más competencia, la realidad es que –de acuerdo con la información del INEGI- en los últimos 12 meses el precio de la telefonía móvil se incrementó en 27.4 por ciento, es decir, prácticamente seis veces el incremento de la inflación, y con ello se revirtió una tendencia a la baja en las tarifas que se presentaron en años anteriores.

Hay ciertos segmentos de la intermediación financiera que se encuentran en el mismo caso, como ya lo ha advertido el Banco de México, institución que está desarrollando, junto con la Comisión Federal de Competencia Económica, un estudio para documentar las condiciones reales en las que se compite en el sistema financiero.

Ya ni le menciono el tema de la energía porque seguimos con monopolios en casi todos los segmentos de la industria.

Por eso es que el envío de la Ley de Competencia Económica, que ayer hizo el gobierno al Congreso, tiene gran relevancia y es apenas un primer paso para el avance de la creación de condiciones que hagan más competitiva nuestra economía.

Falta todavía la legislación secundaria en materia de energía y telecomunicaciones para que se den tres pasos relevantes para avanzar en la creación de un ambiente realmente competitivo en México.

Pero los dos paquetes de iniciativas deben llegar en los siguientes días, para conformar quizás el cambio más importante del marco legal mexicano en materia económica.

Como todas las legislaciones, seguramente va a tener que sufrir correcciones a su paso por las discusiones legislativas, pero lo relevante es que la creación de instrumentos que realmente emparejen el terreno de juego en muchos sectores de nuestra economía permanezca vivo.

Seguramente habrá empresas y organismos empresariales a los que no gustará la iniciativa por el poder que da el organismo regulador.

Sin embargo, si continuamos con reguladores sin dientes y débiles, frente a los que regulan, la promesa de crear condiciones de competencia se va a quedar sólo en eso: en promesa.

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