Opinión

Las mujeres y el legado
de Peña

 
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Peña

Hace 64 años nuestras madres y abuelas mexicanas votaron por primera vez en México. Y aunque sí podemos señalar que ha habido muchos avances, también sorprende lo poco que ha cambiado la situación de la mayoría de las mujeres del país.

Nota para los compañeros que están a punto de dejar de leer esta columna porque creen que estoy a nada de hacer un berrinche feminista: les recuerdo que tienen madres, hermanas e hijas, cuyo futuro y bienestar depende de que México cambie políticas de paridad de género. Si esto no los convencen, compañeros, sigan leyendo, porque el futuro electoral de este país depende, en gran parte, de cuántas mujeres serán electas.

Regresando al tema. En términos políticos, los avances en esta materia no pueden ser ignorados: la ONU publicó este mes un diagnóstico llamado La Democracia Paritaria en México: Avances y Desafíos, donde señala que “México ha logrado avances fundamentales para garantizar los derechos de las mujeres, principalmente en términos del fortalecimiento del derecho interno, una sólida institucionalidad de género y un incremento de los recursos públicos etiquetados para la igualdad. No obstante, el progreso no ha sido uniforme, persisten profundos contrastes al interior del territorio y subsisten marcadas desigualdades de género en todas las esferas del desarrollo, que afectan en mayor proporción a las mujeres que viven en condiciones de mayor desventaja”. Por ejemplo, en la actual Legislatura, la LXIII, 42.4 por ciento son diputadas, y 33.6 por ciento son senadoras. En ambos casos es un brinco de casi 10 por ciento en comparación a la anterior Legislatura. Pero sólo 14 por ciento de los ayuntamientos en México son encabezados por mujeres. De hecho, sólo hay una gobernadora, Claudia Pavlovich, en Sonora.

El diagnóstico de la ONU critica el hecho de que México todavía tiene una de las tasas más bajas de participación económica de las mujeres entre los países de América Latina: “43.9 por ciento de las mujeres en edad productiva forman parte de la fuerza laboral, en contraste con 78 por ciento de los hombres”.

Tenemos además que los feminicidios están llegando a niveles alarmantes, con un promedio 6.5 mujeres asesinadas por día en 2015. Todos los datos indican que para 2016 y 2017 esta cifra subirá. Estos números en parte explican por qué, de acuerdo con el Inegi, ocho de cada diez mujeres en México se sienten inseguras. La percepción de inseguridad de las mujeres en México aumentó este año a 80.3 por ciento, mientras que la del año pasado fue de 76.2 por ciento.

Con el tiempo que le queda al presidente Enrique Peña Nieto hay pocos pasos que puede tomar para cambiar, en una forma dramática, la situación de la mujer en México. Pero sí puede enviar un mensaje político que podía dejar un legado para la siguiente administración. Al presidente Peña se le puede reconocer que 18.7 por ciento de su gabinete han sido mujeres, en comparación al 15.4 por ciento del sexenio del presidente Felipe Calderón (según cálculos presentados por el diagnóstico de la ONU). En este momento sólo hay tres mujeres –de un total de 32 integrantes del gabinete– Arely Gómez González, de la Secretaría de la Función Pública (SFP); Rosario Robles Berlanga, de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), y María Cristina García Cepeda, de la Secretaría de Cultura.

Estamos en la antesala de un proceso electoral que va a requerir que probablemente cuatro o cinco (posiblemente más) tendrán que abandonar sus secretarías para buscar una postulación como candidato a la presidencia u otros puestos.

¿Por qué no hacer el compromiso de nombrar mujeres para reemplazar a estos secretarios? Y para aquellos compañeros que nos están haciendo muecas de que estarían promoviendo mujeres a estos puestos por el sólo hecho de ser mujer, les digo que están equivocados. Cada una de las secretarías que tendrán vacantes en un futuro próximo tienen subsecretarias que perfectamente pueden asumir este cargo. O, de no ser así, perfectamente se pueden encontrar mujeres que, de una forma u otra, tienen la misma o más experiencia que sus compañeros que podrían asumir el cargo de secretario por un año.

Con esto, Peña marcaría un nuevo reto para el que fuera el siguiente presidente o presidenta de México: promover que entre 30 y 40 por ciento (si no más) del gabinete del siguiente sexenio sea para las mujeres.

No es mucho pedir. Estas mujeres solamente están pidiendo servir. 

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