Opinión

Las matemáticas del "patito feo"

Que México sobreviviera frente a Brasil se veía en un horizonte lejano. Pero por más sorprendente que parezca, no era una meta imposible si nos atenemos a los factores objetivos –energía y debilidades como equipo y en individualidades–, y subjetivos –el trabajo mental que se hizo con los jugadores– con el cual llegaron a su crucial cita. El guardameta Guillermo Ochoa, héroe de Fortaleza, lo anticipó: “el equipo está muy fuerte mentalmente”. Sesenta y cuatro años antes, Obdulio Varela, capitán del equipo de Uruguay en 1950, había mostrado el camino minutos antes de entrar a la cancha para enfrentar a Brasil: “no piensen en toda esa gente. No miren para arriba, el partido se juega abajo y si ganamos no va a pasar nada. Los de afuera son de palo y en el campo seremos once contra once”. Uruguay, es historia, consumó el Maracanazo.

El futbol es más que palmarés y nómina de jugadores. Brasil es tres veces más caro, en valor de mercado, que México, y es además el pentacampeón. Ante México era invencible. Lo derrotó 4-0 en 1950, 5-0 en Suiza en 1954, y 2-0 en Chile en 1962. Brasil es el favorito para ganar su primera copa en casa, y de México, ni siquiera bromean con sus expectativas. Goldman Sachs, en un ejercicio de análisis regresivo, le dio menos de medio punto de posibilidades. Las casas de apuestas, termómetro de las percepciones y sueños, pagaban 25 por uno si ganaba México y seis por uno si empataba.

Pero si en el papel Brasil lucía todo poderoso frente a México, el factor humano, presente en el equipaje mexicano, fue lo importante. La Selección Mexicana tiene a 10 medallistas de oro en Londres, contra cinco en el cuadro brasileño. A diferencia de los brasileños, los 23 jugadores mexicanos han sido campeones mundiales en alguna categoría. O sea, conocen la miel de la victoria y el sufrimiento para alcanzarla. Saben de glorias y purgatorios.

México, como Brasil, es uno de los siete equipos que han ganado cuando menos dos de los tres torneos de futbol más importantes en el mundo. Los dos han conquistaron la Copa Confederaciones, y Brasil capturó cinco copas del mundo, de las que México no tiene ninguna. Pero Brasil nunca se ha colgado una medalla de oro olímpica, como México, que en la catedral Wembley en 2012, derrotó a los brasileños. La mentalidad en aquel encuentro fue como la del capitán Varela en 1950, donde jugaron hacia delante hasta el final.

Pero además de la mentalidad, los números fríos en el arranque de esta Copa del Mundo abrigaban expectativas. Ambas escuadras llegaron a su cita tras derrotar a sus rivales en la primera ronda. Durante sus juegos, según las estadísticas de la FIFA, su planteamiento en la cancha fue similar. Los dos jugaron 25 por ciento del tiempo en el centro del campo, y atacaron 4.0 por ciento por el centro a la portería enemiga y 6.0 por ciento por el carril izquierdo. Sólo en el ataque por el carril derecho Brasil atacó 9.0 por ciento, contra 6.0 por ciento de México. En términos defensivos, Brasil jugó la pelota 13 por ciento en el perímetro de su área grande, contra 11 por ciento de los mexicanos.

Es cierto, gran argumento, que Camerún no es lo mismo que Croacia. Camerún es 56 en el ranking de la FIFA, y Croacia es 18, dos sitios mejor que México. Sin embargo, en el campo pesaron otras consideraciones estadísticas, que al no estar vestidas de oropel, no se apreciaron en el análisis técnico del primer partido. Por ejemplo, el empuje de la línea defensiva.

Brasil forzó a sus defensivos en 114 sprints, que entre los cuatro guardianes recorrieron 39.6 kilómetros en poco más de 90 minutos de juego. México tuvo una defensa que realizó 128 sprints, para recorrer 43.1 kilómetros, igualmente, en más de 90 minutos de juego. El defensa Dani Alves, estrella del Barcelona, hizo 44 sprints de ese total, y corrió incansable 10.3 kilómetros en toda la cancha. Pero el defensa americanista Miguel Layún tuvo dos sprints más que su rival y aunque corrió 10.4 kilómetros, no fue el que más bregó en la cancha de los tricolores. El honor se lo llevó Héctor Herrera, el mediocampista del Porto de Portugal, que corrió 11.2 kilómetros. Los defensas mexicanos, quiere decir esta estadística, corrieron más y empujaron más profundo.

Las estadísticas sobre cómo jugaron en su primer partido, ayudan a entender lo que sucedió. Por ejemplo, México tuvo un ataque equilibrado ante Camerún, con 46 por ciento de llegadas por el carril derecho y por el izquierdo, mientras que Brasil llegó 62 por ciento al terreno de Croacia por la banda derecha, con sólo 25 por ciento por la izquierda. En el análisis sobre el origen del ataque mostrado por la FIFA, se vio el equilibrio mexicano y el desbalance de sus adversarios, lo que permitió una continuidad en Fortaleza.

Las estadísticas no son atractivas frente a las emociones y la historia. La camiseta impone. Pero el futbol, como tantas otras cosas, tiene como variable fundamental la humana, que hace impredecible cualquier pronóstico por más seguro que sea. Eso sucedió este martes en Fortaleza, donde el patito feo alcanzó un empate con sabor a victoria.