Opinión

Las lecciones del caso Korenfeld

 
1
 

 

ME. Las lecciones del caso Korenfeld.

El caso de David Korenfeld deja varias lecciones. Veremos si el poder público aprende de ellas.

1.- Vivimos en la “sociedad desnuda”. Utilizo este concepto de mi amigo David Konsevik. Si usted imagina que nadie lo está mirando, más vale que vuelva la cara dos veces. ¿Habría usado Korenfeld el helicóptero tal y como lo usó a sabiendas de que había alguien fotografiándolo? Tenga la certeza de que no. Sin embargo, resulta impresionante nuestra ceguera. Pensamos que no hay testigos de actos que imaginamos privados cuando hay ojos viéndonos. Quienes manejan recursos públicos deben saber que hay muchos ojos viéndolos… aunque no se noten.

2.- Las redes sociales han conducido a que cada quien tenga su medio. En el pasado, aún con sus fotos en la mano, Ignacio Vizcaíno hubiera debido tocar puertas para ofrecer sus fotos a algún medio que quizá las hubiera hecho públicas. Hoy basta con ponerlas en las redes sociales. No importa que usted tenga pocos seguidores. Una foto comprometedora en muy pocas horas puede tener un efecto viral. Esto significa que se ha reducido al mínimo la capacidad de controlar lo que es público. Es la sociedad la que lo define a partir de sus interacciones en las redes sociales.

3.- La gravedad de la falta la define el entorno. Estoy cierto de que hay muchos funcionarios públicos que tienen faltas más grandes que la de Korenfeld en cuanto al uso de recursos públicos para beneficio privado. En términos monetarios, el monto fue de 10 mil 800 pesos (el valor del tiempo de helicóptero empleado). Pero el problema no es el monto sino su significado. El exdirector de la Comisión Nacional del Agua tuvo el infortunio de que lo que en otro contexto podría haber sido una falta menor, la coyuntura lo convirtió en un pecado sin perdón.

4.- La “plaza pública” cuenta. En la multicitada entrevista de Aurelio Nuño con El País, publicada el 7 de diciembre del año pasado, el jefe de la Oficina de la Presidencia, refirió: “No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo. No vamos a saciar el gusto de los articulistas”. En este caso, una falta menor terminó en un sacrificio. Nos guste o no, la “plaza pública” no puede quedar al margen. Tarde o temprano acaba contando. El caso Korenfeld lo demuestra de manera fehaciente.

5.- El gobierno pareció sufrir parálisis. Todo indica que había la esperanza en las altas esferas gubernamentales de que la tormenta amainara. Y por ese hecho, se generó la impresión de parálisis. El desenlace parece producto de un funcionario que no resistió la presión y que tomó individualmente la decisión de bajarse del barco. El hecho, lamentablemente, reduce aún más la credibilidad en la determinación de ir a fondo en el combate a la corrupción.

6.- Este caso será sólo el primero. No se cuál vaya a ser el próximo, pero no se necesita ser adivino ni profeta para saber que habrá otros, porque la clase política –incluyendo funcionarios federales y locales– es de lento aprendizaje (como dijo el clásico) y la vigilancia y denuncia ciudadanas tendrán en el caso Korenfeld el mayor de sus incentivos.

Twitter: @E_Q_

También te puede interesar:
No hay duda: el consumo va para arriba
Ver para creer
Empeoran expectativas… y mejora la inversión