Opinión

Las guerras de Trump

   
1
   

   

Donald Trump

Como se sabe, Donald Trump sólo entiende un tipo de relación entre seres humanos: dominación. Debe haberlo aprendido de niño, seguramente lo reforzó siendo empresario de bienes raíces en Nueva York, y lo perfeccionó en el reality show que encabezó por más de una década. Alrededor de esa característica se desarrollan otras facetas de su personalidad: narcisismo, misoginia, desprecio a los diferentes.

Como presidente de Estados Unidos, sin embargo, esa limitada forma de entender al mundo sólo puede tener una salida: la guerra. En poco menos de un año en ese puesto, Donald Trump ha provocado o intensificado al menos tres guerras que, como todas, son intentos de dominación que producirán grandes costos.

La primera, por su potencial de destrucción, es el enfrentamiento con Corea del Norte. Kim Jong-un es un autócrata que intentará por todos los medios mantenerse en el poder. Ya se deshizo de su hermano, por ejemplo. Ha aprendido del Medio Oriente que no importa si eres aliado o enemigo de Estados Unidos, en cualquier momento pueden deponerte. Para evitarlo, ha construido un poder nuclear suficiente para hacer eso sumamente costoso. En este último año, sin embargo, ese esfuerzo se ha multiplicado (con un costo inimaginable para la población de su país), en respuesta a la actitud cada vez más agresiva de Trump. No es que el presidente estadounidense haya creado la situación de riesgo, pero sí la ha convertido en una amenaza inminente, con potencial de destrucción para millones de seres humanos.

La segunda ocurre en Medio Oriente. Tampoco ha sido creada por Trump, es un conflicto que tiene su origen tanto en la forma como terminó el Imperio Otomano como en la Guerra Fría. Para Estados Unidos, lo que ocurre en esa región ha sido siempre motivo de atención, en parte por el abasto de petróleo y en parte por su relación especial con Israel. El primer motivo es cada vez menos importante, pero Trump ha decidido modificar el segundo moviendo la embajada de su país a Jerusalén. Me dice alguien que sabe que esa decisión tiene su origen en un intento de contentar a su base evangélica, que en una creencia extraña acerca del Apocalipsis, valora escatológicamente esa medida. Es muy posible, pero el resultado es potenciar un conflicto sumamente complejo, que ya ha costado millones de desplazados y decenas de eventos terroristas.

La tercera guerra sí es responsabilidad directa de Trump: la guerra comercial. No sólo tiró a la basura el Acuerdo Transpacífico e inició un enfrentamiento con México y Canadá, en donde el TLCAN pende del hilo de su decisión de salirse o no. No sólo eso, decía, sino que la reforma fiscal que está intentando sacar ha sido ya interpretada por Alemania, Reino Unido, Francia, España e Italia como una medida que afecta seriamente el comercio internacional. De forma subrepticia, en la reforma está el Border Adjustment Tax que ya había sido rechazado por la OMC y por múltiples socios comerciales estadounidenses. Se trata de poner un impuesto especial de 20 por ciento a las compras que realicen empresas estadounidenses a sus subsidiarias internacionales. Esto es en parte resultado de la reducción del Impuesto Sobre la Renta, sumado a la modificación en el universo gravable: ya no por origen de la empresa, sino por el lugar en que se encuentra.

Lo habíamos dicho hace mucho, Donald Trump es un peligro para Estados Unidos, y por lo mismo para el mundo entero. Así ocurre con las personas que sólo entienden las relaciones humanas en términos de dominación y sumisión. Dar poder a quien tiene ese defecto de carácter es un suicidio. Quede claro.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

También te puede interesar:
Tonantzin
La ratonera
Definiciones

Sign up for free