Opinión

Las enemigas de los criminales

  
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Miriam Rodríguez

Se definía como una persona de la tercera edad. Renqueaba al caminar. A veces se apoyaba en muletas. Se llamaba Miriam Elizabeth Rodríguez Martínez, era tamaulipeca, había perdido una hija a manos de la delincuencia y la palabra miedo ya carecía de significado para ella.

“Miedo es ya para nosotros los tamaulipecos sólo eso, una palabra. Hemos puesto en una balanza el miedo y el amor por nuestros desaparecidos, y sin duda la balanza se ha inclinado hacia el amor a nuestros seres que hemos perdido”, dijo Miriam Rodríguez el 26 de abril al participar en Texas en una Caravana contra el miedo.

En el video (http://bit.ly/2pzWQZA) que registró la participación de Miriam Rodríguez esa tarde hay otras tres mujeres. Iguales a ella. Viejas, cansadas, pero no derrotadas. Madres sin hijos, madres que buscan a sus hijos. Como miles más en todo México.

Con gafas oscuras, llena de aplomo, Miriam Rodríguez pidió a los estadounidenses tener compasión de los mexicanos que huyen hacia Texas. Lo hacen, explicó, por falta de trabajo o por la violencia. “Los que aún permanecemos en Tamaulipas, los que seguimos en México, vamos a seguir luchando por los nuestros. Y aquí estamos en pie de lucha”.

Miriam Rodríguez perdió a su hija, secuestrada y asesinada en 2012. Esa burla llamada justicia no la derrotó. Por sus propios medios, y luego de dos años de búsqueda, encontró los restos de su hija y el paradero de los victimarios. Sin embargo, un par de estos se fugaron el 22 de marzo de una cárcel.

Tras la fuga dejó de trabajar. “Yo no tengo la seguridad de irme a sentar a mi negocio a trabajar”, dijo en una reunión con una alta funcionaria del gobierno (es un decir) de Tamaulipas, el 18 de abril.

Habían pasado cuatro semanas desde la fuga y ella sabía que estaba en riesgo. “No ocupamos guardaespaldas, ocupamos un botón de emergencia”, explicó a las autoridades que le ofrecieron que un policía se ocupara de ella.

A ese policía la madrugada del viernes 14 de abril le habló “como treinta veces”. El policía nunca contestó. Tampoco hubo respuesta cuando marcó al 911 anunciado por el presidente Peña Nieto.

Todo lo anterior Miriam Rodríguez lo denunció ante la autoridad tamaulipeca, tan omisa e incompetente en tiempos del gobernador panista Francisco García Cabeza de Vaca como lo fue con el priista Egidio Torre.

Miriam, una abuela de San Fernando, Tamaulipas, pedía al gobernador Cabeza de Vaca dos muestras de voluntad política:

Que presionara “a quien tenga que presionar” para que se abran todas las fosas, y que los presos federales fueran llevados a un Cefereso de donde no escaparan.

“Se dieron a la fuga y se van a volver a dar. Todos los familiares estamos en riesgo”, dijo Miriam Rodríguez tres semanas antes de que la mataran a balazos en su casa, el 10 de mayo.

En el video donde Miriam hizo su denuncia, otra víctima se exaspera al momento de escuchar lo de la fuga: “Cómo se les van a fugar, les abren la puerta, hasta el más ignorante lo sabe”. http://bit.ly/2qksKXd

Como en su tiempo Marisela Escobedo, y como tantas otras personas como ellas, Miriam Rodríguez representaba una mayor amenaza para los criminales que las autoridades.

Porque como ella decía, no habrá paz ni se podrán “cerrar los círculos de dolor mientras no sepamos el destino final de nuestros desaparecidos. Vamos a luchar todos unidos hasta encontrarlos”.

No la detuvo el miedo ni la apatía social ni autoridades omisas. Por eso mismo la mataron. Como a Marisela. México 2017.

Twitter: @SalCamarena

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