Opinión

Las elecciones, subasta al mejor postor

 
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Material electoral. (Instituto Nacional Electoral)

Las elecciones en México se han vuelto una especie de licitación. Se compra acceso a una franquicia para disponer de un presupuesto (e incluso de capacidad de endeudamiento) que podrá ejercerse con transparencia mínima. Suena cínico, pero así es.

En las campañas electorales, se gasta (¿o se 'invierte'?) en forma proporcional al tamaño del presupuesto al cual se accede. Una ciudad media cuesta un par de millones de dólares, una buena gubernatura cuesta decenas de millones, y la presidencia de la República requiere de cientos de millones. Así de fácil.

Como en toda inversión, existe un componente de riesgo. Es posible que uno le apueste al caballo perdedor, e incluso que el que gane tome represalias contra quienes apoyaron al jamelgo derrotado. Ha pasado.

En teoría, las campañas sólo se financian con recursos públicos; nada más lejos de la realidad. Fluye dinero en efectivo que lo compra todo, desde promoción y publicidad hasta votos. Ese acceso a financiamiento público permite otro negocio jugoso, que implica menos riesgo: el registro de un partido político. Éste permitirá años de acceso a abundante financiamiento público, por el que no hay que rendir cuentas.

¿Quién puede olvidar aquellas suntuosas fiestas del Niño verde en el hotel Plaza Athenée de París? Pocas cosas se disfrutan más que celebrar con los amigos, gastando dinero ajeno.

Se logra el registro, se obtiene la generosa renta implícita en éste (que incluso alcanza para pagar multas cuando sea necesario jugar rudo), y después basta con aliarse a un partido grande para mantener el registro.

Por ello, después de años de 'rentar' una franquicia (del PRD), López Obrador optó por 'comprar' la propia (Morena). De una vez por todas se quita de encima preguntas incómodas (¿de qué ha vivido tantos años?). Ahora, tiene changarro propio.

Es alto el riesgo de dinero mal habido financiando campañas, e intentando obtener a cambio favores políticos. Cuando tanto del financiamiento se hace utilizando dinero en efectivo, se vuelve extraordinariamente difícil limitarlo, o rastrear su origen. Dado que es ilegal el uso de dinero no oficial, hay nulo interés en transparentarlo con la expedición de recibos o facturas. No es casual que Banco de México tenga que tomar provisiones para tener suficiente cash en circulación en época electoral, la demanda por billetes crece en forma sustancial.

Resulta evidentemente iluso pensar que funcionarios públicos resultantes de un sistema tan sucio pelearán contra la corrupción. Si ya ganaron la subasta, ¿por qué querrían cerrarse el acceso a recuperar su inversión y la de quienes los apoyaron?

El exceso de dinero en las campañas políticas no es problema exclusivo de México. En Estados Unidos, partidos y candidatos de todos los niveles gastarán más de cinco mil millones de dólares en esta elección.

Pero, hay dos diferencias claras. Primero, que el grueso de los recursos provendrá de donativos. A pesar de que hay casi 300 millones de dólares de recursos públicos para financiar la elección, la mayoría de los candidatos prefiere usar exclusivamente financiamiento privado. Hay cinco mil 800 Comités de Acción Política (PAC, por sus siglas en inglés) para ello. Segundo, que hay mucha mayor transparencia. Es posible detectar qué estadounidense apoyó a qué candidato con cuánto, pues es obligatorio llenar formas donde se especifican donante, dirección y empleador para evitar, por ejemplo, que entidades extranjeras participen.

El dinero en las campañas ha crecido en forma exponencial. La elección de 2012 requirió de menos de la mitad de lo que costará ésta. Sin embargo, la campaña de Bernie Sanders se logró financiar con un alto número de pequeños donativos.

Levantó más de 200 millones de dólares con decenas de miles de contribuciones.

Más de 60 por ciento de sus recursos proviene de donaciones de menos de 20 dólares.

Resulta interesante, sin embargo, que no hay una correlación clara entre campañas exitosas y dinero gastado. En la primaria estadounidense uno de los candidatos mejor financiados era Jeb Bush.

La democracia se debilita con tanto dinero. En México, es aún más devastadora la falta de transparencia. Ésta irrita a los votantes y los ahuyenta del proceso. Para 2018, urge sacar el uso de cash de la contienda electoral, y es vital reconocer la participación de recursos opacos. Empecemos por forzar a que donantes y donativos se identifiquen, y que 100 por ciento de lo que gastan los partidos se haga con cheques y obteniendo recibos. Para un partido como el PRI es poco atractivo aumentar la transparencia. Pero, tienen que considerar que si no lo hacen, en algún momento podrían estar tocando a la fiesta desde afuera, y Morena no les va a abrir. Por último, llegó el momento de pensar en segundas vueltas a todos los niveles, urge legitimidad y mandatos claros. La posibilidad de que el próximo presidente sea electo con el menor porcentaje del voto total, garantiza problemas de gobernabilidad, altamente indeseables.

Twitter: @jorgesuarezv

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