Opinión

Las dos caras de nuestra economía

 
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Ventas de Volkswagen

En medio de la paz y claridad que trae consigo la presencia del Papa en México, no sucede lo mismo con nuestra economía, en la que vivimos en medio de la ambigüedad.

Veamos primero una cara.

Las cifras del mercado interno en enero resultaron muy positivas. Las ventas del comercio agrupado en la ANTAD crecieron en 8.6 por ciento a tiendas comparables en términos nominales, lo que significa un aumento de 5.9 por ciento real. Las mejores en una década.

Las ventas de autos tuvieron un récord histórico en enero y sumaron 119 mil 693 unidades, 15.4 por ciento más que en el mismo mes de 2015.

El crecimiento del empleo formal fue de 3.8 por ciento y el del salario real de 1.46 por ciento (con base en los incrementos de revisiones contractuales del mes), lo que significa que la masa salarial real creció 5.3 por ciento, un nivel muy alto en cualquier comparación.

Pero, hay otro lado de la realidad económica.

En lo que va del año nuestra moneda fue la segunda más depreciada del mundo y el dólar se encareció 9.9 por ciento, lo que ha generado mucha ansiedad en los mercados financieros e incertidumbre entre el consumidor e inversionista.

Regresando a la primera cara, desde el año pasado hay una gran fuerza del mercado interno, que ha sido el motor de la economía.

Sin embargo, sería un error imaginar que este impulso doméstico puede mantenerse sin trastorno.

En muchas ocasiones le he comentado que la dinámica de la economía finalmente depende de la inversión, ya que el consumo tiende a tener un comportamiento más estable.

Y la semana pasada el Inegi reveló que por primera vez en los últimos 21 meses la inversión bruta fija (con cifras desestacionalizadas) tuvo una caída en noviembre de 1.5 por ciento.

Otro dato que no puede soslayarse es el indicador de confianza empresarial de enero. Éste se ubicó en 48.13 puntos y acumuló 14 meses por abajo del nivel de 50, es decir, está en el terreno del pesimismo y es inferior en 3.3 por ciento al del mismo mes del año pasado.

No es casualidad que diversos expertos estén bajando ya sus estimaciones de crecimiento del PIB para este año.

Los pronósticos revisados en febrero, de acuerdo a los registros de Bloomberg, promedian un alza estimada de 2.4 por ciento, mientras que las previsiones anteriores estaban en rangos de 2.7 por ciento.

Y, aunque sin duda hay factores objetivos que propician una menor actividad, como la reducción de la actividad industrial en Estados Unidos, uno de los elementos centrales de este descenso es el cambio de las expectativas.

Incluso la propia depreciación de nuestro peso, asociada fuertemente a la caída de los precios del petróleo, tiene que ver más con las expectativas que con la realidad en la que México es importador neto de hidrocarburos.

No será sencillo, pero si el gobierno quiere evitar que este año tengamos un crecimiento incluso menor al que ahora se prevé, que se revise a la baja trimestre a trimestre, es necesario que haga un esfuerzo para generar expectativas positivas basadas en hechos objetivos, con argumentos claros y convincentes.

¿Podrá hacerlo?

Twitter: @E_Q_

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