Opinión

Las dos caras de la baja del petróleo

Hay quien sólo ve malas noticias en la caída de los precios del petróleo crudo. Y la verdad es que no es así.

El dramático descenso de las cotizaciones en el mercado petrolero, que alcanza ya casi 40 por ciento en este semestre, producirá una enorme redistribución de los ingresos, de los productores hacia los consumidores de petróleo y demás combustibles fósiles.

Los países que son principalmente productores, como los árabes o Venezuela, serán los que tengan los impactos negativos más severos.

Los países que son casi únicamente consumidores como Japón, algunos de Europa o diversas naciones en desarrollo, serán los principales beneficiados.

En otros casos, como México, los impactos tendrán una doble naturaleza.

Le pongo un ejemplo: vamos a suponer que el precio promedio del petróleo crudo de exportación de México cae alrededor de 30 por ciento en 2015 respecto a los niveles de este año. Eso implicaría que dejarían de recibirse anualmente 11 mil 315 millones de dólares (dejando de lado el efecto fiscal de las coberturas o suponiendo que no hay modificación en el volumen exportado).

Eso significa una pérdida de aproximadamente 0.9 puntos del PIB.

Pero, si el precio de la gasolina importada baja en el mismo porcentaje que lo hace el crudo, habría un ahorro de alrededor de siete mil 700 millones de dólares, lo que equivale a 0.6 puntos del PIB.

Así que el efecto negativo sería del orden de 0.3 puntos del PIB en términos netos.

Pero faltarían los efectos de segundo orden. En lo negativo, hay que ver cuál puede ser el costo de la inestabilidad financiera que derivó principalmente de la caída de los precios. Aún no lo sabemos.

Pero, en lo positivo, también hay que observar cuál puede ser el impacto favorable de un mayor crecimiento del consumo en Estados Unidos sobre la industria exportadora mexicana.

El saldo neto debe considerar también los efectos secundarios.

Quizás, en el corto plazo, lo que esté dominando sea la impresión de que la caída del crudo es casi una tragedia para México y habrá quienes se estén acordando de que en 1981 la baja de precios petroleros antecedió a la crisis de 1982.

La realidad es que en ese entonces las exportaciones de crudo representaban 68 por ciento del total.

Este año, en los primeros 10 meses, ese porcentaje fue de 9.5 por ciento.

No es despreciable lo que representa la exportación de petróleo, pero está lejos de ser determinante en el comportamiento de nuestra balanza comercial. Y hay otros factores que pueden pesar más en el desempeño del PIB.

Quizás el entorno de pesimismo y desconfianza que se ha extendido desde hace algunas semanas en el país no nos deja ver con claridad la complejidad que implica la caída del petróleo.

No sería extraño que al final de 2015, cuando ya pueda hacerse un recuento de impactos, resulte que la “gasolina” adicional que la caída de las cotizaciones petroleras trajo para la economía mundial, acabe también beneficiando a México.

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