Opinión

Las culpas de Citi

El presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, Jaime González Aguadé, le dio a la comisión integrada para el caso Oceanografía en el Senado guiñapos de información sobre el quebranto a Banamex. Las comparecencias de trámite no han aportado información nueva. Tampoco permiten ver que el relajamiento de las normas de control interno en las líneas de crédito para la empresa, tiene como una de sus principales causas el que Citi viera a Oceanografía como una mina de oro, que lo animó a mover a México a ejecutivos para que tomaran el control del factoraje en busca de una quimera: llevar a Citi a ser el banco del mundo. Ese sueño se convirtió en cuatro años en una pesadilla.

Un análisis de documentos internos de la institución muestran que en Oceanografía los ejecutivos de Citi quisieron aprovecharse del riesgo cero que significaba Pemex para sus proveedores, lo que desató la ambición por utilidades monumentales. De 35 millones de dólares que era hasta 2010 el factoraje en Banamex, el hombre de Citi en México durante todo este episodio, Francisco Aristeguieta, exigía llegar a los 300 millones.

Oceanografía entró a su radar en 2008, cuando Martín Díaz, primo del exsecretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz –en columnas anteriores se identificó erróneamente a Díaz como sobrino de Gil–, fue recomendado al propietario de la empresa, Amado Yáñez Osuna, para que realizara la ingeniería de la empresa, que se encontraba con problemas de liquidez. “Yo tengo controlado a Banamex”, presumió Díaz a Yáñez, y le ofreció conseguirle líneas de crédito. Renuente, Yáñez Osuna cambió sus cuentas de BBVA Bancomer a Banamex. El dinero comenzó a fluir.

El esquema para Oceanografía fue el de factoraje, con una línea de crédito de casi 500 millones de dólares. Oceanografía, que tuvo un fuerte impulso durante el gobierno de Vicente Fox, recibió un empuje mercurial entre 2008 y 2010, después de que el presidente Felipe Calderón, por petición expresa de la familia Mouriño –su alter ego, Juan Camilo, había muerto en noviembre de 2008 en un accidente de aviación–, impuso en la Subdirección de Operaciones Marítimas de Petróleo Exploración y Perforación (PEP) a Mario Ávila, un distribuidor de automóviles campechano, que había sido ayudante por años de los Mouriño.

Al tener garantizados los contratos multimillonarios de Pemex en renta de barcos y mantenimiento de plataformas petroleras, Banamex encontró en Oceanografía un negocio de alto rendimiento. “Ahí se encontró el hambre y las ganas de comer”, dijo una fuente del sector bancario. Oceanografía tenía los contratos pero requería de liquidez, y Banamex tenía la liquidez y la ambición para reportar altas utilidades a Citi. La casa matriz en Nueva York decidió tomar la cuenta de la empresa y crecer al nivel que lo tenían en otros países, su división Global Transaction Services (GTS), de donde dependía el área de Channel Finance, que ofreció a Oceanografía y otras empresas proveedoras de Pemex sus productos FAP, que son factoraje para proveedores.

El 25 de febrero de 2010, de acuerdo con documentos internos de Banamex, Citi hizo los primeros cambios para expandirse a costa de un cliente soberano, que era Pemex. Un memorando de Francesco Vanni d’Archirafi, director ejecutivo de GTS, y Fernando Quiroz Robles, director ejecutivo de Clientes Institucionales para México y América Latina, informó las promociones de Dardo Sabarots, como jefe global de Negocios, Administración e Iniciativas Estratégicas de GTS, y Francisco Aristeguieta, su director para los países andinos, como jefe regional de GTS, con base en la ciudad de México.

Un memorando de Aristeguieta a “todos los empleados latinoamericanos de GTS”, fechado el 27 de abril de ese año, informó del nombramiento de Roberto González Barrera como director de GTS México, “un paso muy importante en la consolidación de nuestra estrategia de crecimiento”. El 17 de agosto, González Barrera comunicó en otro memorando los cambios en la estructura de organización de GTS en México. Entre ellos figuró el de Alfonso Ortega Brehm como director de Productos de Crédito GTS, y de José Ortega Rivera, como responsable de Channel Finance.

El área de factoraje creció significativamente en Banamex durante ese periodo, y le otorgaron a Yáñez Osuna y a Oceanografía un trato premium, equivalente al que le daba Citi a las principales multinacionales del mundo. Después de Oceanografía llegaron más de 100 empresas con contratos en Pemex, con una línea autorizada en total por dos mil 500 millones de dólares que alegraban y enriquecían los estados financieros de Citi, que descuidaron, según el dictamen de la CNBV, los controles internos.

El dictamen de la CNBV establece que el Control Operativo de Factoraje efectuó “de manera indebida” el desembolso a Oceanografía por los trabajos con PEP, y realizó “una inadecuada evaluación del riesgo de la operación”, con lo que el beneficiario único de esas operaciones era la empresa de Yáñez. Oceanografía era un riesgo operativo para Banamex, dijo la CNBV, pero “no fue evaluado, medido o vigilado” por el banco. Los directivos de Citi tenían la mente en otra cosa. Vanni d’Archirafi y Quiroz Robles dijeron en su memorando que GTS estaba en “el corazón de la estrategia para convertir a Citi en el principal banco del mundo”. Eran sus sueños de grandeza, hasta que la laxitud en los controles internos los rompió.