Opinión

Las cartas del presidente Peña

 
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Cartas de EPN. (Especial)

Dice Edgar Allan Poe, en voz de su personaje, el investigador Augusto Dupin, que los hombres de gran capacidad analítica sienten una especial predilección por los juegos de naipes, especialmente el whist, y consideran que el ajedrez es más bien frívolo.

El jugador, dice Poe, observa la fisonomía de su compañero y de los contrarios, se fija en el ademán con el que se toman las cartas, ve las expresiones de quienes las reciben. Estudian las expresiones involuntarias y los movimientos corporales de todos.

Después de un tiempo, el observador que analiza es capaz de conocer el juego de los demás como si le mostraran sus cartas.

La alusión viene a cuento por todas las especulaciones que se han hecho respecto a los prospectos a ser candidatos del PRI a la presidencia de la República.

Como le he comentado más de una vez, me parece que, pese a todo, el presidente Peña cuenta con todos los elementos para definir –al modo ortodoxo en el PRI– al candidato de su partido.

Todo indica que no habrá ningún proceso interno que simule competencia, como fue en el año 1999, ni tampoco ninguna pasarela formal como la que ocurrió en la sucesión de Miguel de la Madrid, en 1987.

La ortodoxia de las sucesiones priistas implica un juego complejo y de alto riesgo, que exige que el que da las cartas tenga habilidades como las descritas por el investigador Dupin.

El arte del proceso de sucesión priista, lo que antaño se conoció coloquialmente como ‘destape’, radica en lograr un juego de simulaciones que se pueda prolongar tanto cuanto sea posible.

El gran elector necesita contar con una baza de naipes amplia pero creíble. Esta baza está formada sólo por los que el propio presidente ha caracterizado con humor como ‘cardenales’.

El elegido como candidato va a estar entre ellos. Sólo que aquí no hay ningún cónclave.

Para poder definir con el margen de libertad más amplio, el presidente necesita que los aspirantes estén convencidos, prácticamente hasta el último día, de que pueden ser ellos.

Si alguien parece venirse abajo, una de las tareas del presidente será darle nuevamente aliento. Si alguien se acelera demasiado, la tarea será ponerle un freno.

Y, al final, cuando el presidente haga pública su decisión a través de las elípticas y barrocas formas de la ortodoxia priista, como el ‘respaldo de las fuerzas vivas’, debe haber la posibilidad de construir una narrativa en la que parezca obvio que, desde tiempo atrás, hubo señales que apuntaban a quien finalmente quedó.

En este momento, no descarte a nadie de los muchos mencionados, ni tampoco piense que ya hay uno que es el ungido.

Pero no lo habrá tampoco después de la Asamblea del PRI. Si no se modifican los estatutos para viabilizar candidaturas ciudadanas, no descarte a Meade. Y si se modifican, no piense que ya es.

Si se avanza a pasos rápidos en la negociación con EU, no imagine que las cosas apuntan a Videgaray, pero tampoco lo descarte en la circunstancia opuesta.

Meros ejemplos de lo que hay en este proceso.

Este mes está dando quizás un breve impasse, pero es probable que el jaleo político comience pronto.

Se podrá criticar por muchas razones al presidente Peña, pero no puede dejar de reconocérsele que en los procesos de selección de candidatos en los que él se involucra, puede ser un hombre de extraordinario talento.

Este juego de cartas apenas está llegando a su fase más excitante.

Twitter: @E_Q_

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