Opinión

Las cartas de Groucho

Gil cavilaba sobre los pluris cuando llegó a sus manos un libro publicado por Anagrama: Las cartas de Groucho Marx que salen de la imprenta. Qué mejor que un puñado de citas para un viernes de amigos verdaderos. Aquí van:

12 junio 1940

Querido Sheek:

No soy capaz de dormir. Seguramente tú te preguntarás: «¿Por qué no puede dormir? Tiene dinero, belleza, talento, vigor y muchos dientes.» Pero la posesión de todas esas riquezas no tiene nada que ver con ello. Veo a huelguistas que se deslizan por la chimenea, comunistas debajo de la cama, agentes de la Quinta Columna en los armarios, un enano barbudo, llamado Impuesto Suplementario, que da una voltereta encima de mi despacho con una pequeña dama conocida por el nombre de Confiscación. Estoy ahorrando una pequeña cantidad destinada a veneno que oculto en un saquito debajo del colchón.

26 enero


Querido Sheek:

No he sabido más de ti. Imagino que te has muerto. Si no respondes a ésta, mandaré una corona a la Calle 48.

En este momento el coro de 110 voces canta el arreglo coral completo de la Novena de Beethoven. Mi vida social es inexistente. Juego a los anagramas, al billar y al pinacle y escucho música. Fumo sin cesar y tengo un lunar en el hombro izquierdo. Me gustaría encontrar una viuda sociable, alrededor de los cincuenta y cinco, como nodriza.

Tengo una cita esta tarde para hacerme la permanente y pintarme las uñas de los pies y debo rogarte que me excuses.

A Irving Hoffman


1946

Querido Irving:

Entre golpes de buena fortuna, he estado jugueteando con la idea de convertirte en el padrino de mi inminente hijo. Sin embargo, antes de hacerlo oficialmente, me gustaría ver un informe notarial completo de tu activo. No quiero repetir la desdichada experiencia que tuvieron mis padres a fines del siglo XIX.

Por aquella época había un tío Julius en nuestra familia. Medía metro cincuenta y cinco en calcetines, agujeros incluidos. Llevaba una barba rematada por una calva del tamaño aproximado de una torta de trigo sarraceno. Fuera como fuese mi madre se había hecho la idea de que el tío Julius era rico y le contó a mi padre, que nunca comprendió demasiado a mi madre, que sería brillante maniobra de adulación estratégica hacer al tío Julius padrino mío.

En un discurso tan humedecido por la emoción que sus propias gafas le impedían ver, dijo que se sentía abrumado por ese gesto sentimental de nuestra parte y señaló que mi futuro –un futuro de color de rosa– estaba irrevocablemente vinculado al suyo. Al final de su discurso, incapaz todavía de ver a través de sus empeñados cristales, besó a mi padre, ofreció un cigarro a mi madre y volvió corriendo a la partida de pinacle.

Dos semanas después se mudó a casa, con maleta de cartón y todo. Con el paso del tiempo, mi madre empezó a sospechar y un día, hablando de él con mi padre, no sólo descubrió que el tío Julius parecía estar sin fondos, sino lo que era peor todavía, que debía 34 dólares a mi padre.

Como sólo medía uno cincuenta y cinco, mi padre se ofreció para echarle, pero mi madre aconsejó prudencia. Dijo que había leído muchos casos de hombre ricos que, después de vivir vidas miserables, morían dejando tremendas fortunas a sus herederos.

A Max Gordon 


1 diciembre 1954

Querido Max:

Fui al estreno de Sailor´s Delight en el Huntington Hartford Theater. Todo gira en torno a una sirena con Eva Gabor, y es un auténtico bodrio… Afortunadamente había un bar en el entresuelo y aunque no soy un bebedor acudí a la destilería tras el primer acto y procuré emborracharme hasta la inconsciencia.

Todos los teatros deberían tener bar.

Al acabar el espectáculo me dirigí al ayudante del empresario y le dije que ganarían un montón de dinero si suprimieran una parte del reparto y pusieran dos camareros más.

A Hy Gardner


26 octubre 1953

Querido Hy:

Quisiera poderle escribir esas siete u ochocientas palabras que me ha pedido, pero sólo conozco seiscientas. Luego hay también otras razones.

En primer lugar, he sufrido una época de frustración con mi aguacate. Lo planté con la firme esperanza de que algún día estaría completamente cargado de frutos. Pues bien, han transcurrido cinco años y en todo este tiempo ni un solo aguacate ha colgado de sus ramas. Con profunda desesperación fui a un vivero y le expliqué la situación al jardinero. Cuando acabé el relato me miró con mayor desprecio todavía que el habitual y dijo: «Señor Marx, ¿no sabe usted que los aguacates se aparean y que si quiere tener frutos debe tener uno macho y otro hembra?» Bueno, Hy, podrían haberme derribado con un melón de agua. Sé que las estrellas de cine tienen que hacer algo así para dar frutos, pero no tenía la menor idea de que el aguacate macho necesitara al aguacate hembra tan imperiosamente como Lana necesita a Lex, Frankie necesita a Ava y Abbott y Costello. La naturaleza no actúa así.

Bien, para abreviar más esta breve epopeya, compré la segunda planta y ahora tengo los dos sexos en el traspatio. Han estado juntos poco tiempo y supongo que es demasiado pronto para saberlo, pero hasta ahora debo decir que no he advertido ninguna diferencia. Lo que me intriga es que nunca se miran el uno al otro. Están simplemente ahí, con la mirada perdida, severa y distante, sin mover nunca una hoja, sin hacer crujir nunca siquiera una ramita. Quién sabe, quizá se muestran precavidos cuando estoy por allí. Alguna noche cuando la luna esté llena y el abajo firmante también, me deslizaré hasta allí, me plantaré entre los arbustos y permaneceré allí hasta descubrir definitivamente si alguna vez voy a tener aguacates.

Saludos, Groucho.

Twitter: @GilGamesX