Opinión

#LadyChiles, la mamona vs. la ratera

Lo primero que hice al enterarme del video en el que Adriana Rodríguez interroga a su empleada doméstica para exhibirla in fraganti sustrayendo dos chiles en nogada de su casa, fue preguntar a varias personas quién era la “Lady”, si la persona que robaba, o la que había grabado el video. Todo mundo me respondió que la segunda, por prepotente, mamona, y por ventilar a la empleada.

Es notorio en la discusión pública que la inmensa mayoría de la gente reprueba a la Sra. Rodríguez por haber grabado el video; a la empleada se le solapa. El mundo al revés: robar no es malo; denunciarlo públicamente, sí. No entiendo.

Las premisas en las que descansa el debate público sobre el tema son peculiares. Se asume que: (1) la empleada doméstica tiene “hambre”; (2) la empleada está en su derecho de llevar a casa lo que a su juicio sea suficiente comida para ella, su hijo, o quien ella considere conveniente –abuelo, tía, hermana–; (3) a la patrona le sobra el dinero y los recursos –sin importar si para conseguirlos trabajó incansablemente durante años–; (4) los activos de la casa de la patrona –i.e. el tupperware–, pueden ser utilizados a criterio de la empleada sin mediar solicitud con su línea de reporte inmediato.

Con esas premisas la patrona, Adriana Rodríguez, está en desventaja. Y por eso se le califica como “mamona” y “prepotente”. La empleada, a su vez, queda libre de culpa. Su acto es “normal”, “lógico” y es de esperarse. Varios videos producidos luego de este incidente hablaban de que sólo se estaba llevando “dos pinches chiles” y que la comida “no se le niega a nadie”.

Pienso que debemos pensar bien antes de asumir estas premisas sin cuestionarlas. Si las damos por buenas, tendríamos que aceptar que se abran las puertas de par en par de Bimbo, Pepsico, Gruma, Walmart, Chedraui, Soriana y miles de restaurantes, para que los hambrientos tomen todo lo que a su juicio sea suficiente para saciar su necesidad de proteína, carbohidrato y grasa.

Muchos trabajadores domésticos poseen celular, televisor HD y otros satisfactores similares. A pesar de ello, se asume que padecen “hambre”, que son “pobres” y que por ello tendrían derecho a tomar recursos del lugar en que trabajan. Es curioso, porque sería equivalente a que un ejecutivo tome cuadernos, tóner, bolígrafos y papelería de la empresa a fin de entregarla a sus hijos para el regreso a clases, ya que la empresa tiene más recursos que él de manera individual. ¿Justificable? No. Nunca.

¿Qué pasará cuando la empleada doméstica atraviese un apuro económico? Dirán sus defensores que debe tomar un anillo de la patrona y empeñarlo en el Montepío; al fin y al cabo hace tiempo que nadie lo usa, y lo piensa devolver…

Twitter: @SOYCarlosMota