Opinión

La visión holística de la gordura

 
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Me especial obesidad

La reveladora estadística de la gordura que el día de ayer compartió Mikel Arriola, titular de la Cofepris, demuestra un problema endémico que tiene una grave trascendencia nacional. El más significativo de todos es el de la inestabilidad psicológica y emocional de los millones de personas que la padecen y por la que son, además de enfermos de diabetes u otros males, seres humanos potencialmente inconformes.

No puede pasar desapercibido el hecho de que cualquier cantidad de dinero que se destine a atender pacientes afectados por enfermedades derivadas de la obesidad, será siempre insuficiente si no se atiende a las causas del padecimiento, esencialmente dos: desbalance alimenticio o ingesta de alimentos altamente calóricos, y sedentarismo.

Un ingrediente de altísimo consumo en todas las mesas mexicanas, causante del trastorno que lleva a la acumulación de grasa en el cuerpo, es el azúcar. Sin embargo, el edulcorante provoca, además de tal padecimiento visible, una multiplicidad de trastornos crónico degenerativos cuya atención tiene estrangulados a los hospitales.

El azúcar inhibe el sistema inmunológico, destruye el equilibrio de los minerales del cuerpo, aumenta el colesterol, afecta la visión, acaba con la dentadura, es causa de varices y hemorroides, contribuye claramente a la osteoporosis, puede provocar esclerosis múltiple, sube la presión arterial, afecta la piel, aumenta el tamaño del hígado y puede incrementar su carácter graso, favorece la retención de fluidos, puede causa depresión y, lo más grave, afecta al páncreas y es causa directa de la diabetes, entre otros efectos igualmente relevantes.

Este periódico publicó ayer el informe de la FAO en el que se precisa el incremento en el consumo humano de azúcar, per capita, a nivel mundial, de 24.3, de 24.8 y hoy de 25.1 kilos al año, en los ciclos 2011-2012, 2012-2013 y 2013-2014 respectivamente.

En el consumo diario de azúcar México ocupa un tercer lugar, después de Rusia y Brasil, con 104 gramos de azúcar diarios, equivalente a dos refrescos y medio. El consumo en otros países gira alrededor de 60 gramos al día, que debería reducirse a unos 40 gramos, según recomendaciones de la OMS.

Como parte de la reforma fiscal se incorporó un impuesto especial a las bebidas azucaradas, que tenía un propósito, más que tributario y de recaudación fiscal, de salud pública, pues se pretendía disminuir el consumo del refinado.

Desafortunadamente, el problema del azúcar no se puede analizar desde la perspectiva única del consumidor y los problemas de salud que se ocasionan. La producción de la caña de azúcar constituye una actividad agrícola esencial para la supervivencia de miles de mexicanos del campo en la zona oriente y sur del país, sobre todo. En el Programa Nacional de la Agroindustria de la Caña de Azúcar se reconoce que 440 mil mexicanos están directamente empleados en ella, y 2.2 millones más se benefician de ella en forma indirecta.

Cualquier política que persiguiera combatir el problema de la obesidad en México y el alto costo de la atención médica de los servicios de salud que se vinculan con ésta, mediante el combate contra una de sus causas, el alta ingesta de azúcar, automáticamente impactaría en la vida de más de dos millones de mexicanos que dependen de la actividad agroindustrial en torno de la caña de azúcar. No atacar su consumo implicaría conservar el statu quo, o sea, millones de enfermos y una sobreproducción de caña.

La Ley de Desarrollo Sustentable de la Caña de Azúcar, ordenamiento vigente con un alto sentido de responsabilidad social, contiene mecanismos rigurosos para el pago de la producción de caña a favor de los trabajadores del campo, que imponen una serie de condiciones económicas muchas veces extraordinariamente desventajosas para los ingenios, en mérito también de la alta producción internacional y de la pluralidad de edulcorantes contra los que compiten.

Una política integral de atención a la obesidad que viera por el combate contra sus orígenes, deberá pasar por la reducción a la producción, comercialización y el consumo de azúcar. Sin embargo, no podrá ser una política sustentable en la medida en que se afecte el medio de vida de los trabajadores del campo cañero que dependen de ella.

Así las cosas, puede decirse que la salud de los mexicanos y la sustentabilidad del campo, se halla en la remota posibilidad de que se impulse de manera equilibrada una nueva actividad agrícola destinada al cultivo de productos nutritivos, hoy incosteables, que sólo podría tener lugar en la medida en que la economía dirigida a curar enfermos de diabetes y padecimientos derivados de la obesidad, se dirija a subsidiar a los productores y empresarios agrícolas de frutos distintos a la caña de azúcar.

Nadie podría objetar que un México mejor, un país más sano y más feliz, sería uno menos obeso, cuyo campo fuera inteligentemente aprovechado, para el cultivo de productos que alimenten correctamente a su población.

Twitter: @Cuellar_Steffan

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