Opinión

La visión de Salinas de Gortari hoy

 
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Carlos Salinas de Gortari

Carlos Salinas de Gortari es un político que hizo historia. Amado u odiado, pero, sin discusión, trascendente para México.

En su propia acepción, se trata de un “pensionado y desempleado”, que ya no interviene en un presente que dice que ya no le toca.

Ayer, en Acapulco, en el marco del evento ERA Familiar Princess, ofreció una conferencia en la que habló del mundo actual y de la política mexicana… sin hablar de ella.

El eje de su conferencia fue el tema de los eventos inesperados. No aquellos que propician incertidumbre, sino los que sorprenden y cambian los escenarios.

Como ejemplo de ellos, recordó lo que vivió en enero de 1990 en Davos, cuando, tras concluir la renegociación de la deuda externa y a la espera de que México tuviera todos los reflectores, se encontró con un mundo que lo ignoró olímpicamente pues los líderes mundiales estaban concentrados en las consecuencias de la caída del Muro de Berlín apenas semanas atrás.

México no fue La Cenicienta, ni hubo ningún príncipe azul.

Ante el evento inesperado de la caída del Muro, se gestó en una fría noche de Davos buena parte del futuro de México. Con un cercano grupo de colaboradores, Salinas decidió arrancar la estrategia de privatizaciones y la negociación del Tratado de Libre Comercio, que fueron determinantes para la historia del país.

Salinas –sin siquiera sugerirlo– mostró en su explicación, cómo un gobierno dio un golpe de timón ante un entorno que le cambió sus previsiones.

¿Alguien escucha por allí?

En su presentación, Salinas de Gortari evocó a Maquiavelo frecuentemente, pero también refirió a Homero y a Lucrecio, pasó por Hegel y Marx, y no dejó de citar a Shumpeter –profesor que fue de Raúl Salinas Lozano– para caracterizar la circunstancia del presente.

No podía dejar de referirse a estos eventos políticos aparentemente inesperados como el Brexit o la cada vez más fuerte candidatura de Trump a la presidencia de Estados Unidos.

El mundo, en la caracterización de Salinas, experimenta un proceso de desindustrialización, que se refleja en la estructura del empleo.

Quienes lo han padecido, han pagado sus costos, que atribuyen exclusivamente a la globalización.

Y frente a este cuadro, sin referirse a ningún político en específico, señaló a “los que tienen el tino de hablar el lenguaje del dolor y enojo de las comunidades”, como aquellos que están cosechando ganancias de las actuales circunstancias.

Era obvio que Salinas de Gortari no iba a referirse expresamente a López Obrador, al que aludió irónicamente como el “otro innombrable”, pero su respaldo electoral, al igual que el de Trump o del Brexit, los asoció a este “tino”.

Quizás una de sus expresiones más reveladoras fue cuando refirió cómo las ambiciones y divisiones de los conservadores británicos y la ineptitud de los laboristas condujeron a un referéndum que no pidió la gente, que separará a Gran Bretaña de Europa y que quizás propicie el desmembramiento del Reino Unido, todo ello por las ambiciones e ineptitudes políticas que explotan los populistas. Un hecho absolutamente evitable.

Salinas de Gortari tiene siempre el atributo de ser controversial y es un personaje cuyas reflexiones y opiniones, por ser de quien vienen, no pueden ignorarse.

A ver si son escuchadas donde se requiere.

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