Opinión

La victoria cultural
de Felipe Calderón

Desde que dejó la presidencia de la República, Felipe Calderón Hinojosa se ha caracterizado por una falta de contención verbal que le ha llevado a opinar de diversos temas coyunturales. Tiene, sin duda, derecho a expresarse. Pero cada comentario suyo, por el alto cargo que ostentó hasta hace muy poco y por lo polémico de su sexenio, puede provocar toda clase de efectos, desde incomodidad en la nueva administración hasta enrarecer el ambiente de su partido.

Pareciera, en pocas palabras, que el michoacano no ha encontrado su lugar como expresidente. Sin embargo está claro que se muestra decidido a seguir activo en la grilla. En los últimos días ha trascendido que acompaña a Margarita Zavala, su esposa, a reuniones con las que ésta intenta reinsertarse en la política. Y hay incluso quien le ha escuchado hablar de fundar una nueva expresión partidista, luego de las reiteradas derrotas que él y los suyos han padecido en el partido que alguna vez presidió.

El retorno de Calderón, quien hasta el verano estuvo autoexiliado en Boston, tiene ahora un aliado circunstancial, aunque no necesariamente sorpresivo: ha regresado también a México la incómoda sensación de que la violencia está fuera de control. Insisto, ha regresado la sensación, pues variadas voces advirtieron demasiadas veces que la realidad del problema de la inseguridad nunca se fue.

Luego de los acontecimientos de Tlatlaya, Iguala y --como remate de este triste déjà vu— luego de que estudiantes del Tec fueran balaceados el domingo en Chilpancingo por policías ministeriales, estamos ante lo que podría calificarse como la victoria cultural de Felipe Calderón.

De hecho, en medio de la indignación por el caso de los estudiantes asesinados y desaparecidos en Iguala el 26 de septiembre, Calderón ya había recurrido a un tono emparentado con el “se los dije”. Esto fue lo que tuiteó el 6 de octubre, al citar su libro de reciente aparición pero en obvia referencia a Iguala. Transcribo los tuits de manera textual:

“En #LosRetosQueEnfrentamos explico como el crimen org se expande territ. y busca apoderarse de cuerpos policiacos: hay que reconstruirlos.
“La reconstrucción y fort. de cuerpos policiacos no puede darse sin la voluntad política de las autoridades locales de las que dependen”.
Los mensajes de Calderón en esa red social de micro mensajes ocurrieron tres semanas después de que en una entrevista en Nueva York el michoacano culpara a autoridades locales de no haberse sumado, en su momento, a su estrategia anticrimen.

Esas declaraciones neoyorquinas fueron polémicas. Pero luego vino la crisis de Guerrero, que terminó por exasperar al presidente Peña Nieto, quien el 30 de septiembre demandó a las autoridades de ese estado asumir su responsabilidad, con lo que de cierta forma las quejas de Calderón sobre las omisiones de los gobiernos locales han ido adquiriendo solvencia.

La victoria cultural de Felipe Calderón supondría una pésima noticia no porque sea malo que el expresidente tenga algo o mucha de razón sobre el problema de la inseguridad, sino porque significaría, entre otras cosas, que estamos en el mismo hoyo que cuando él dejó el gobierno, lo cual no es otra cosa sino un terrible retroceso.

O lo que es lo mismo, tendríamos que concluir que han sido dos años tirados a la basura, pues la nueva estrategia, salvo capturar algunas figuras emblemáticas de los grandes cárteles, no ha detenido ni la putrefacción de algunas regiones, ni ha generado mejores policías, ni ha devuelto la tranquilidad a los ciudadanos, ni ha detenido la violación a los derechos humanos, ni ha hecho más responsables a los gobernantes locales, ni ha parado la muerte de estudiantes, ni ha conjurado las masacres, ni ha debilitado a los cárteles, ni ha evitado secuestros y extorsiones, ni ha cambiado la pésima imagen del país en el extranjero… Igualito que con Calderón.