Opinión

La verificación desbielada

   
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Mancera. (ilustración)

A un gobernante no se le debe pedir que sea experto en todas las materias. Ni siquiera en muchas materias. Algunos son, sin embargo, dados a meterse en todo tipo de detalles, en un mar de especificaciones sobre cada problemática.

Preguntar a Marcelo Ebrard sobre los retos de la capital en temas como, por ejemplo, el agua, era asumir que uno tendría tiempo y capacidad de memoria para una cascada de datos históricos, diagnósticos y escenarios hidrológicos para el Valle de México.

¿Eso garantizaba que Marcelo sería un buen gobernante? Por supuesto que no. Si bien esa proclividad a meterse en los detalles de cada política pública no estorba, tampoco garantiza que no se cometerán garrafales errores como los de Ebrard con la Línea 12.

El gobernante debería, eso sí, ser capaz de hacer las preguntas adecuadas ante problemáticas específicas. Ser capaz de encontrar a quien responda adecuadamente a esos cuestionamientos. Y ser capaz de, a partir de ese conocimiento, ejecutar una estrategia política que anteponga a cualquier otra consideración el beneficio de sus gobernados.

Las contingencias ambientales han desnudado a las autoridades de la capital. Una vez más, los capitalinos dieron muestra de que se pueden adaptar a todo. Incluso a no circular una vez a la semana. Fue molesto, implicó gastos extra para las familias, demandó esfuerzos para organizarse mejor, pero los chilangos cumplieron con lo que los gobiernos impusieron. Dejen de circular fue la orden. Se acató.

En contraste, al terminar la primera fase de las medidas especiales por las contingencias el pasado 30 de junio, los ciudadanos descubren y contemplan el decadente espectáculo de autoridades federales y locales que se echan la bolita sobre quién es el culpable de que los Verificentros no estén listos para la siguiente etapa.

Estamos ante un problema de doble vertiente. El desprestigio del gobernante capitalino se basa en, precisamente, la constatación de que mientras a los ciudadanos se les imponen obligaciones, el gobierno no cumple con las suyas, situación que se ha vuelto regular. Se han convertido en un meme.

La otra vertiente es que tanta improvisación, tanta evidencia de inoperancia, le han costado al gobernante de la capital perder la estatura y la voz que le hacían un interlocutor que se podía hablar de tú a tú con el gabinete, sin duda, y en no pocas ocasiones disputar materias con el mismísimo presidente de la República.

Los chilangos también reclaman eso. Los colaboradores en materia ambiental del presidente Enrique Peña Nieto están lejos de ser figuras que se hayan ganado algún tipo de respeto entre la opinión pública. Y a pesar de eso, Miguel Ángel Mancera no ha sido capaz de defender a los capitalinos de la imposición de medidas arbitrarias en esta materia.

El jefe de Gobierno se achica ante el presidente y sus colaboradores. Con esa actitud, deja a los capitalinos a merced de políticas impuestas, decretadas sin debate o explicación.

Y cuando llegan los plazos, cuando de nueva cuenta se le pide a los ciudadanos que cumplan con una nueva verificación, resulta que el sistema no está listo, que la Profepa no ha dado lineamientos, que hay diferencias en las normas, que hay clausuras arbitrarias, que hay descoordinación.

Resulta, en pocas palabras, que los chilangos quedan a merced de un gabinete federal que no impone respeto, pero sí multas.

La verificación desbielada demuestra que Mancera no sólo no sabe cosas, que le abruman y aburren los detalles técnicos, sino que tampoco hace las preguntas adecuadas. Y que mucho menos se visualiza como quien puede velar por el bienestar de los capitalinos.

Twitter: @SalCamarena

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