Opinión

¿La venganza del peso?

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Módulo especial tipo de cambio peso dólar

Ayer el precio del dólar en México cerró en 14.78 al menudeo. Esto significa una apreciación de nuestra moneda de poco más de 3.0 por ciento respecto al máximo que alcanzó el dólar el 5 de enero.

Está lejos de haber recuperado las pérdidas que se presentaron casi de manera continua desde septiembre, pero ya hubo un cambio de tendencia.

En los primeros días del año, parecía que no había techo.

Aquí le comentamos desde hace unos días que era factible que el precio del dólar retrocediera, como ya ocurrió. Ahora, lo que algunos nos preguntan es: ¿hasta dónde bajará la divisa norteamericana?

Me temo que –salvo que haya un cambio completamente inesperado– no hay mucho espacio para que en el corto plazo baje mucho más. Pero no descarte una ganancia de 20 a 30 centavos adicionales.

Sin embargo, hay que tomar en cuenta que la volatilidad financiera va a continuar.

Al final de este mes, si gana Syriza en Grecia y si el Banco Central Europeo anuncia un programa de compras de bonos por algo así como un billón (trillion) de euros, entonces lo más probable es que tengamos de nuevo episodios de volatilidad y que nuevamente el precio del dólar se vaya para arriba.

Justamente, en función de estos episodios de volatilidad, conviene de vez en vez observar la perspectiva de largo plazo.

Considerando una cotización de 14.78 al menudeo, como la del cierre de ayer, desde finales de diciembre de 2012 hay una depreciación del peso frente al dólar de 14.0 por ciento.

En estos dos años, sin embargo, el diferencial de inflaciones entre México y Estados Unidos fue de 5.0 por ciento, por lo que la depreciación real de nuestra moneda fue de 8.6 por ciento.

Si ese ejercicio se hace para el último lustro, de enero de 2010 a la fecha, la depreciación acumulada de nuestra moneda fue de 14.2 por ciento y el diferencial de precios entre México y EU, para el mismo lapso, fue de 11.1 por ciento.

Así que la depreciación real fue de 2.8 por ciento.

No pretendo minimizar el reciente encarecimiento del dólar pero sí darle su proporción correcta.

Aún estamos lejos de una devaluación traumática y que haya tenido impacto como las que hemos visto en otras circunstancias, como 1994 o 2008.

La diferencia que tenemos ahora respecto al pasado es que la caída de los precios del petróleo o el contagio de la volatilidad internacional tiene muchos más amortiguadores.

Las cuentas externas no están en crisis; las reservas están en los niveles más elevados; la transmisión del impacto del alza del dólar a los precios es más limitado; aún las cuentas públicas tienen márgenes de maniobra mayores.

Sin perder de vista los impactos de la volatilidad, no hay que perder de vista que el problema central que tiene nuestra economía es el lastre que representa su segmento más atrasado con millones de personas y unidades económicas que viven en el atraso y en muchas ocasiones en la informalidad.

Si hay que darle prioridad, allí está nuestro problema y no en la cotización del dólar.

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