Opinión

La tregua a Peña Nieto

  
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La tregua a Peña Nieto.

Varios intelectuales con tribunas en la prensa han venido sugiriendo, desde hace unos días, una tregua para el presidente Enrique Peña Nieto, quien ha sido vapuleado como ninguno de sus antecesores en magnitud, intensidad, beligerancia y retórica. Sin embargo, no está claro lo que proponen. ¿Una tregua mediática? ¿Una tregua de los ciudadanos? Intrigante la propuesta, porque las treguas se dan entre fuerzas simétricas, no asimétricas como es un Presidente mexicano, que pese a los avances políticos sigue siendo un monarca sexenal. Su fuerza es como la de Goliat frente a los israelitas, infinitamente superior, implacable si quiere, imbatible. ¿Por qué David tendría que dar una tregua a Goliat?

Goliat, según los relatos bíblicos, se burlaba sistemáticamente de los israelitas, trataba de humillarlos y someterlos. Peña Nieto, metafóricamente hablando, también. ¿Alguien no recuerda la entrevista que concedió su entonces jefe de Oficina al periódico madrileño El País, en diciembre de 2014? Habían pasado las reformas con sus resistencias, las tomas de las calles por la disidencia magisterial, la crisis de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, y sobre todo, el escándalo de la casa blanca. Pese a ello, Aurelio Nuño desafió:

“No vamos a sustituir las reformas por actos teatrales con gran impacto, no nos interesa crear ciclos mediáticos de éxito de 72 horas. Vamos a tener paciencia en este ciclo nuevo de reformas. No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo ni a saciar el gusto de los articulistas. Serán las instituciones las que nos saquen de la crisis, no las bravuconadas”.

Las declaraciones, insólitamente retadoras, insensibles a las diferentes opiniones expresadas en los medios, nunca fueron desautorizadas. Al contrario. Medio año después, el Presidente lo nombró secretario de Educación y lo puso a jugar en la sucesión presidencial. La acción de Peña Nieto fue un aval para todo lo que había hecho Nuño, que en ese entonces formaba parte de la presidencia tripartita, donde junto con los secretarios de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y de Hacienda, Luis Videgaray, tenían secuestrado al Presidente. Nadie tenía acceso a él en Los Pinos, y todos los agentes políticos y económicos tenían que desahogar sus asuntos con la poderosa tríada.

La tregua que proponen los intelectuales debería ser planteada más como una especie de amnistía a la incompetencia, que es lo que ha demostrado el gobierno peñista, insensible a las razones del repudio en las urnas a él y al PRI en las elecciones federales de 2015, y las de gobernadores en 2016, donde su partido dejó de gobernar a 54 millones de mexicanos; o de subjetivos, algunos tan profundos como las crecientes e insistentes quejas de corrupción en su gobierno. Entonces, ¿cuál sería el incentivo de los mexicanos para darle una tregua? ¿Por qué, en todo caso, dársela cuando su gobierno ha sido incapaz de ayudarse a sí mismo?

El gobierno de Peña Nieto se ha caracterizado por muchas cosas, pero quizás lo más sorprendente es su incapacidad para poder cerrar temas. Sigue abierto el caso de los normalistas de Ayotzinapa, la masacre de Tanhuato, y el desastre de seguridad por haber apoyado a grupos paramilitares en Michoacán, por citar unos botones en materia de seguridad. No está resuelto el tema de la disidencia magisterial, ni tampoco el conflicto de interés que detonó con la revelación de la casa blanca. La renuncia de Videgaray tras la visita de Donald Trump sigue siendo un misterio. ¿Por qué se iría el secretario de Hacienda en reconocimiento de un error que el propio Presidente dice que fue un acierto? Ese episodio generó una prueba más de la forma fallida como maneja su gobierno.

Para controlar los daños causados por la visita, Peña Nieto aceptó que lo entrevistara Carlos Marín, director del periódico Milenio, quien es uno de los periodistas más cortesanos del poder. Marín voló a Anchorage (Alaska), donde en una escala técnica del vuelo que llevaba al Presidente a la reunión del G-20 en China, habló con él. La entrevista, que fue grabada, no resultó como esperaban, pero su equipo de prensa no hizo nada por corregir el daño al Presidente. Milenio es uno de los grupos más favorecidos por la publicidad peñista, y su dueño, Francisco González, no se caracteriza por cuidar su autonomía del gobierno. ¿Por qué le pidieron que no difundiera la entrevista? En muchos otros medios esta afirmación sería un acto de censura, pero en el caso de González y Marín, no es algo ajeno a ellos, al haber estado dentro de los márgenes de su relación institucional.

Los intelectuales piden esa tregua como un borrón y cuenta nueva, cuando menos por un tiempo, a los agravios causados por una presidencia tripartita que nunca vio que las condiciones en las que había llegado Peña Nieto a la Presidencia eran extraordinariamente adversas. El 1 de diciembre de 2012 arrancó su gobierno con el mismo humor social que tuvo en su peor momento Felipe Calderón, cuando enfrentó la crisis financiera mundial de 2009, quien tenía hasta ese momento el peor registro de animadversión jamás antes medido en un Presidente. Los mexicanos estaban agraviados por Peña Nieto aún antes de cumplir sus primeras 24 horas en el poder, y lo que ha venido haciendo a lo largo de su administración ha ido alimentando el encono. Pedir una tregua no es lo adecuado. Es el Presidente que, como ha planteado Salvador Camarena en El Financiero, debe rectificar. ¿Qué? Rumbo, gestión y comportamiento.



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