Opinión

La tempestad que nos amenaza desde el norte

 
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Donald Trump (Reuters)

En noviembre comenté en mi blog que “los vientos han cambiado”. Hoy nos queda claro que más que un cambio en la dirección del viento, nos acecha una tormenta de enormes proporciones: la demencia en torno a México arrecia y nubla el horizonte.

Durante algunas semanas después de las elecciones del 8 de noviembre, algunos analistas políticos tuvieron la esperanza de que Donald J. Trump adoptaría una postura moderada y racional una vez instalado en la Oficina Oval. Eso no ocurrió.

Ante el horror mundial, en menos de una semana hemos visto todo lo contrario: un presidente arbitrario, prepotente, voluble, abusivo en el lenguaje e intolerante. En todo el mundo, los articulistas y editorialistas de los medios más prestigiados condenan las posturas que ha adoptado en casi todos los temas que son globalmente relevantes —también el sarcasmo en torno a su visión simplista es implacable.

Desde el calentamiento global, el déficit fiscal, el comercio internacional o la necesidad de trabajar por la paz en Medio Oriente, la visión trumpista complica la solución de los complejos problemas que nos preocupan —porque en la mente elemental de un demagogo ningún asunto se puede expresar en más de 140 caracteres.

Por motivos que superan el entendimiento, Trump ha señalado a los mexicanos, en ambos lados de la frontera, como la fuente de muchos de los 'males' —reales o imaginarios— que acechan a su país.

No hay falacia más grande: desde el tema migratorio, hasta nuestro intenso intercambio comercial, cada uno de sus ataques contra México se derrumban solos. En nuestra profunda relación bilateral hay decenas de asuntos en los que nuestro país ha demostrado ser un aliado formidable y de confianza. Ni este sólido vínculo, ni el potencial de México, terminarán por los caprichos de un inquilino de la Casa Blanca, pero el daño que se puede causar desde esa posición tardará años en repararse. Hoy más que nunca debemos enfatizar los beneficios de una prosperidad compartida.

Simplemente consideremos que, desde que se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, México ha contribuido a incrementar la competitividad de toda la región, creando más de diez millones de empleos, directos e indirectos, en Estados Unidos (EU). La migración neta de mexicanos a EU ha sido negativa en los últimos cinco años por lo que nuestro vecino no necesita un muro más alto.

Desafortunadamente, por presiones de Washington, nuestro país es la trinchera global de una absurda y fallida guerra contra las drogas.

Muchas veces, a pesar de nuestros intereses, México ha sido un socio solidario con Estados Unidos.

Quizá Trump tiene razón y es momento de modificar los términos de la relación… pero en favor de nuestro país.

Por ello respaldo la decisión de nuestro presidente de aplazar su visita a la Casa Blanca —al menos hasta que su nuevo inquilino adopte una postura respetuosa frente a México—. No podemos acceder a su absurda petición de pagar por un muro abominable e inútil. Si ese muro se financia con impuestos a nuestras exportaciones, entonces lo terminará pagando el consumidor en aquel país —además de violar los términos que rigen nuestro comercio bilateral.

Es muy importante considerar que la visión simplista de Trump, en torno a México y sobre muchos otros temas, no es compartida por la mayoría de la gente en su país —recordemos que su rival lo superó en las urnas por tres millones de votos—. Nuestros mejores aliados se ubican dentro de esa mayoría de ciudadanos que aborrecen el racismo y la prepotencia de un presidente que cierra la primera semana de su gestión con índices de aprobación extremadamente bajos.
También debemos buscar alianzas directas con la comunidad de cincuenta millones de hispanos que se sienten directamente amenazados por el nuevo habitante de la Casa Blanca.

Entonces, si vamos a renegociar los términos de esta relación bilateral, tendremos que poner todos los temas sobre la mesa y hacerlo desde una posición de respeto y dignidad, asumiendo todo el peso que México se ha ganado en el mundo y dentro de Estados Unidos. No podemos ceder a chantajes, no seremos intimidados.

Nadie nos preguntó si queríamos estar en esta posición, pero México se ha convertido en la primera línea de defensa de los valores de libertad y dignidad frente a una visión cerrada y prepotente que fomenta la intolerancia, la irracionalidad y los impulsos proteccionistas.

Aunque enfrentaremos tiempos difíciles, no debemos tener miedo: hoy más que nunca el mundo nos observa y se pregunta si resistiremos esta terrible tempestad. No me queda la menor duda de que lo haremos… pero debemos estar preparados y mantenernos unidos.

El autor es presidente y fundador de Grupo Salinas.

Twitter: @RicardoBSalinas

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