Opinión

La tarea de la segunda mitad


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Los trabajos en la sede del PRI iniciaron desde 2013.

Comenzamos ayer el segundo tiempo. El balón se colocó de nuevo en media cancha y comenzó el juego.

La diferencia es que ahora no son 45 minutos, como en la primera parte. En este juego, el partido termina más o menos al minuto 25, cuando se entra al proceso formal de designar a los candidatos para 2018.

El presidente Enrique Peña tiene, a partir de este diciembre, algo así como un año y medio para tratar de concluir los pendientes de su administración.

El lapso restante estará dominado por el proceso preelectoral primero y luego por las campañas.

Hay muchos pendientes de detalle en la gestión del gobierno de Enrique Peña y es muy adecuado que él y su equipo le dediquen todo el tiempo a avanzar en ellos.

Sin embargo, creo que la tarea más importante que tiene el presidente en este “segundo tiempo” es conducir correctamente la designación del candidato del PRI.

Sabemos que en 2018 el país no va a estar en jauja, sino –si las cosas se hacen bien– con un crecimiento moderado. Tampoco se habrá desterrado la inseguridad, sino que –de nuevo bajo la premisa de que las cosas se hayan hecho correctamente– con un razonable control de los delitos de alto impacto.

El mundo estará atravesando por un periodo de gran complejidad, con amenazas de diversos signos, y no hay manera de sustraerse a ese entorno.

En este contexto, uno de los desafíos clave que tiene el actual gobierno es conseguir que el proyecto de país que ha construido pueda seguir edificándose en el futuro.

Y, eso no necesariamente significa que el sucesor de Enrique Peña en la presidencia de la República sea un militante del PRI, pero sí al menos alguien que pueda darle continuidad al proyecto de gobierno.

La gran amenaza para esta administración no es que no se generen suficientes empleos o que no se reaprehenda al Chapo. El riesgo es que el electorado vaya a decidir en 2018 que no le gusta el proyecto de país que se emprendió y que ahora viene el tiempo de otro, que en este momento estaría encarnado por López Obrador o eventualmente por algún candidato independiente.

Las reformas, y por lo tanto el país que pretenden modelar, no son irreversibles.

Un gobierno, un Congreso y gobiernos estatales que estén en desacuerdo con la evaluación educativa, o con la competencia en el sector energético, o con la entrada de nuevos competidores a las telecomunicaciones, podría echar para atrás cambios que aún no están arraigados en el país.

Aunque se haya diseñado un nuevo entramado constitucional y legal, éste aún no está en la cultura que marca el día a día de la mayor parte de los mexicanos, y es susceptible de revertirse.

La tarea fundamental que tiene Enrique Peña en lo que resta de su gobierno es usar el poder presidencial para asegurar que ese proyecto de país va a trascender 2018.

Si eso va delante de amigos, compromisos, temores, circunstancias, este gobierno –pese a su falta de aceptación– va a pasar a la historia como uno de los que definió el futuro del país en el siglo XXI.

Twitter: @E_Q_

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