Opinión

La soberbia de Yoloxóchitl

La pradera está seca. Muy seca. Pero la soberbia de Yoloxóchitl Bustamante, la directora del Instituto Politécnico Nacional, le impidió ver la facilidad con la que podía comenzar el fuego. Desde su ateneo en Zacatenco menospreció a la comunidad politécnica y planteó un nuevo programa académico para la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura, la más importante en todo América Latina, sin darle el rodaje suficiente a la negociación interna, que chocó con importantes anticuerpos. En medio de esta crisis, la más grave en sus cinco años de dirección, se dio a conocer un nuevo reglamento para toda la institución que terminó de incendiar la pradera.

La doctora Bustamante no supo administrar la crisis y actuó con cicatería. A los cientos de estudiantes de la ESIA que llevaban semanas de clases irregulares por las dificultades en la implementación del nuevo programa académico –aprobado en forma irregular durante el periodo vacacional–, les dijo que eran “borregos”, lo que polarizó la protesta. Rápidamente se sumaron a la movilización cerca de 17 mil estudiantes que sintieron que las dos medidas tomadas afectarían la calidad académica y su futuro profesional. Bustamante respondió con la convicción que están siendo manipulados por “personas interesadas en el proceso de sucesión de su cargo”.

Ciertamente tiene un punto a su favor con esa percepción. Hay grupos dentro del Politécnico muy interesados en que no se reelija en noviembre del próximo año, entre los que se encuentran, de acuerdo con personas que conocen los resortes políticos en Zacatenco, una parte de la plantilla más veterana de profesores, un sector de la izquierda que quiere la autonomía, y el exdirector de la institución, Diódoro Guerra, que desde que terminó su gestión en 2000, ha querido imponer –hasta ahora infructuosamente– al director.

Pero entendiendo esta realidad política, la doctora Bustamante soslayó las contradicciones en las que se encontraba su propia dirección, descuidó las negociaciones hacia adentro del Politécnico en busca del consenso a sus propuestas, y regaló las herramientas que por años buscaron sus enemigos. “Pensó que se encontraba en el pináculo de su dirección, y no hizo caso a nadie”, dijo un funcionario que observa el proceso de cerca. Fue tan grande su alejamiento, que se confrontó y se alejó de Enrique Villa, su antecesor y quien trabajó dentro de la comunidad y con el gobierno de Felipe Calderón, para que la doctora fuera su sucesora.

Bustamante tenía hasta hace poco tiempo el beneplácito del gobierno de Enrique Peña Nieto para buscar la reelección el próximo año, pero comenzó a hacer caso omiso de las sugerencias para que no descuidara el proceso del nuevo plan de estudios y del reglamento interno. Pero al escucharse sólo a ella misma, detonó la peor crisis que vive el Politécnico en más de 20 años, y en un momento complejo y delicado para las instituciones públicas.

La doctora no parece entender lo que inició, como reflejó en una reciente entrevista. “Los dos temas que se habían planteado como motivos del conflicto actual ya se resolvieron, diría yo, favorablemente a los estudiantes”, dijo. “De esta manera, nos causa sorpresa que todavía siga la movilización. Habiéndose resuelto los temas, ya no encuentro la justificación para que se sigan tomando escuelas y se sigan haciendo manifestaciones”. Políticamente, ingenua y torpe. Desde que dio esa entrevista la semana pasada, el conflicto se agudizó. Las actividades están suspendidas en 32 de las 40 escuelas, y 30 de ellas están tomadas por los alumnos.

La comunidad estudiantil generó un video similar al que hicieron los estudiantes de la Universidad Iberoamericana en 2012 cuando crearon el #Somos132, en oposición al entonces candidato presidencial Peña Nieto. Pero a diferencia de los alumnos de la universidad jesuita, que actuaron en la coyuntura política-electoral, la protesta politécnica tiene una dinámica interna académica, donde lo que está en juego es la vida profesional de los estudiantes, además de contar con un sedimento cultural distinto, por provenir de una beligerancia histórica.

El carácter de la protesta en el Politécnico es contaminante, sobre todo en la UNAM, donde como en Zacatenco, los años preelectorales las convierten en caldera de la protesta social. La UNAM, cuyo rector José Narro también termina su cargo a finales del próximo año, lleva semanas de incipiente agitación estudiantil que a veces parece desbordarse. Bustamante olvida esa dialéctica. Pero en 1999, el plan de reforma del pase automático propuesto por el entonces rector de la UNAM, Francisco Barnés, dio pie a una huelga de 368 días, sólo rota por la intervención de la Policía Federal. El error de Barnés fue, como la directora del Politécnico, la soberbia y su falta de capacidad política para buscar los consensos internos.

La pradera está seca y la doctora Bustamante le prendió fuego. En el gobierno federal, que enfrenta varios incendios en el país, no quieren uno más. Desde las más altas instancias se decidió que para no alargar una eventual solución al conflicto en el Politécnico, interviniera directamente el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, como el bombero político para la emergencia, donde la directora del Politécnico, como fue Barnés, bien podría ser parte de la solución.

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