Opinión

La semana y las elecciones

   
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ME. El INE, un caso clínico de frivolidad.

La noticia de la semana es el aumento de los homicidios a niveles de antes del sexenio.

La noticia de la semana es, también, el asesinato de una española en el Edomex, que había sido secuestrada en un taxi en la CDMX.

Las noticias de la semana incluyen al dólar, arriba de los 20 pesos.

La semana informativa pasa por el gobierno de Morena en la Cuauhtémoc, donde los billetes se les multiplican como los panes bíblicos.

Y el recuento podría seguir: los asesinatos de sacerdotes, el milagro nopalero (por aquello del descubrimiento de propiedades) de Borge, la increíble permanencia en su puesto de los Duarte, etcétera.

Pero, y para ya ir al punto, digamos que la semana cerrará con una marcha en la capital donde la ultraderecha reclamará que se cancelen derechos.

No es el fin del mundo. Es sólo una semana. Una que no marcará el destino de nuestra clase política.

Porque nada es grave para ellos. Su camino no transcurre por la ruta de los ciudadanos. Nuestros políticos, todos, sólo tienen una prioridad, sólo siguen un objetivo. Quieren ganar las elecciones del 2018, las presidenciales y las del Congreso, fundamentalmente. Y eso no pasa por el día a día, eso no está comprometido por nada de lo que ocurra en semanas como esta.

Nuestro modelo electoral aísla a los partidos y a sus representantes de la necesidad de explicar qué hicieron, o qué dejaron de hacer, en coyunturas que horrorizan a los ciudadanos.

Vendrán las elecciones con sus millones de spots, sus miles de mítines, que no son otra cosa que montajes donde raro es el que asiste sin ser un adocenado; sus promesas de arreglar lo que no atienden, ya no digamos intentan componer, cuando están en funciones. Nada de eso tendrá que ver con esta semana.

Y es que el modelo electoral es tan resistente a la rendición de cuentas, que ni los debates son debates. Son monólogos en caballerizas virtuales para gente que habla pero no se comunica, ni con sus contrincantes ni con las audiencias.

De ahí que se dé este país surrealista donde el señor que tendría que explicar el fracaso de la lucha anticrimen es el mismo que puntea las encuestas de los priistas. Y el que le sigue, el gobernador del Edomex, tampoco podría explicar cómo es que en su estado se ahoga en crímenes y corrupción y él sigue pensando que tiene futuro.

Lo mismo pasa con los perredistas. El de Michoacán, el de Morelos, el renegado (por aquello de que es pero no es) de la Ciudad de México, todos los gobernantes (es un decir) del PRD se emocionan con la grande, cuando ninguno ha podido sacar la bola del cuadro en su patio local.

La panista Margarita –también– puede seguir su aspiración tan campante, sin sentir la obligación de explicar a los ciudadanos si condena o no a las iglesias que en pleno 2016 quieren encender hogueras para ciudadanos que ejercen un derecho, que dicho sea de paso y dado que ella es abogada, está protegido por la Corte.

Así la semana y así la imperturbable carrera de los suspirantes al 2018. Están tranquilos porque el modelo electoral premia la popularidad, no la capacidad, ni la responsabilidad.

¿Qué se podría hacer para cambiar? Supongo que hoy poco. Quizá demandar al INE que al menos hagan debates dignos de ese nombre. Donde no sólo hablen ellos sino también periodistas que recuerden días como estos y pregunten: ¿y usted dónde estaba esa semana, candidat@? Y tengan que contestar. Sería un principio. Creo.



Twitter: @SalCamarena

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