Opinión

La seguridad y la economía

El Banco de México informó que el factor que más podría obstaculizar el crecimiento económico de México es el que se caracteriza como “problemas de seguridad del país”.

Estamos en momentos de disyuntiva. México está a la espera de lo que diga el presidente. Prácticamente nadie se sintió satisfecho con lo que esta semana propuso el Ejecutivo.

No creo que la Presidencia sea tan estrecha como para pensar que todo es cuestión de perseverar en lo mismo, y entonces la sociedad cambiará su percepción.

Si el Poder Ejecutivo pensaba que a estas alturas de diciembre quedarían solucionadas las disyuntivas del momento y habría que avanzar en temas de fondo, como la policía única en las entidades, las cosas no fueron así.

Parto de la base de lo que dijeron los funcionarios más cercanos al presidente a propósito de la crítica. Es bienvenida y nos hace reconsiderar las cosas.

Sobre esa base, creo que el presidente debe estar acopiando todas las demandas que la sociedad le hace respecto al cambio de propuestas y programas.

Pero también creo que no se ha sabido comunicar la sensación de urgencia.

Se sigue pensando en que la crisis es del gobierno y no del Estado.

Los cuestionamientos tienen que ver con la capacidad de las instituciones para imponer el Estado de derecho. Y eso no tiene que ver sólo con el gobierno sino con el Estado.

El tema de fondo que hoy domina las reflexiones sobre la seguridad en México es la perspectiva de mediano plazo.

Hace un par de días, el presidente Peña demandó a los empresarios más importantes del país invertir en Michoacán, Guerrero y Chiapas.

El concepto generado por la Presidencia, en cuanto a aumentar la inversión en los estados más pobres y operar la visión de las empresas para dirigirlo a ese propósito, es totalmente correcto.

El tema es si el plazo en el que este tipo de estrategias tendrá impacto será relevante para el momento.

Lo dudo.

Hoy, el tema es si hay en la perspectiva del país algo que permita recobrar el optimismo perdido.

Permítame una metáfora.

Imagine un enfermo cardiaco. Le dicen los doctores que el padecimiento que tiene es serio y que requiere cambiar de estilo de vida para que sus perspectivas mejoren.

Pero, como –en esta imagen– nunca hubo un infarto, entonces el enfermo sigue con su normalidad.

Se piensa que poco a poco las cosas normales regresarán. Lo lamento.

No estaremos allí.

El mundo cambió. Desde ayer, la industria textil puede defenderse de los chinos, pero no será sencillo ni accesible.

En el fondo, estamos reconociendo que el país dio zancadas cuando debió dar pasos.

Si usted ve la perspectiva, y no está entre los textileros, se justifica que espere.

Lo lamento, pero así es. Primero fueron los zapateros, ahora los textileros. ¿Y quién sigue?

Si alguien pospone inversiones a la espera de definiciones. ¿Cree que pueda ser cuestionada esa determinación? Así nos lo han demostrado.

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