Opinión

La SCJN y el liberalismo

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SCJN. (Cuartoscuro)

1. El liberalismo, por razones históricas, nunca ha tenido buen cartel en México. La Conquista y la Nueva España se inscribieron en la Contrarreforma. Incluso la Independencia, en sus albores, llevó esa marca. Morelos, en el segundo artículo de sus Sentimientos de la Nación, proclama: “que la religión católica sea la única, sin tolerancia de otra”.

2. No fue sino hasta la Reforma, que Juárez y su generación abolieron los fueros y consumaron la separación de la Iglesia y el Estado. Pero poco duró el gusto. El porfiriato fue una suerte de pacto entre liberales y conservadores, y los principios liberales, incluido el sufragio efectivo, durmieron el sueño de los justos.

3. La Revolución Mexicana se quiso, en sus inicios y en la versión maderista, liberal y democrática. Pero luego vinieron el villismo, el zapatismo, el carrancismo, hasta llegar al Constituyente de 1917 que recuperó la Constitución de 1857, pero le añadió un toque virreinal.

4. Nada más antiliberal que el artículo 27, que retomaba el precepto colonial que el rey de España era el propietario original de las tierras y las aguas, y que –por derecho– podía conceder a sus súbditos. El giro “modernizador” de ese patrimonialismo fue la sustitución del rey de España por una entelequia llamada Nación.

5. El priato se asumió como heredero del liberalismo, pero sólo de dientes para fuera. Fue, en realidad, un proyecto colectivo, la Familia Revolucionaria, que usó y abusó del patrimonialismo en todas sus variantes: desde las expropiaciones hasta las empresas estatales, pasando por la democracia formal convertida, según la expresión de José Revueltas, en una dictablanda, en la que las funciones públicas eran (son) una forma de hacer fortuna –añado yo–.

6. Las oposiciones al patrimonialismo revolucionario fueron de izquierda y derecha, pero apenas liberales. Los socialistas y comunistas se oponían frontalmente a la democracia formal y la economía de mercado. Detestaban al individuo, la libertad y la propiedad. Los panistas tenían una veta liberal, encarnada por Gómez Morin, pero otra católica, representada por González Luna. El bien común y el moralismo han sido, desde entonces, su sello.

7. Es por eso que en México no existe un partido liberal. El PAN se asume como tal, pero si uno le rasca poquito aparece el confesionario. El PRI no se siente a gusto con la denominación liberal, por eso le agregó el apellido social. Lo social “corrige” los “errores y excesos” del individualismo libertario.

8. No es extraño, en consecuencia, que el fallo de los cuatro ministros de la SCJN apenas haya sido valorado o entendido, cuando no denostado. La incomodidad y la incomprensión no se reducen a la clase política. Lo que molesta a académicos y opinadores –como ahora se dice– es la posible legalización de una sustancia que es dañina para la salud. De ahí el reclamo y la denuncia de las gravísimas consecuencias que eso tendrá.

9. El meollo del argumento del ministro Saldívar, retomado por los otros tres ministros, simplemente no es atendido ni entendido. El individuo es soberano sobre su propio cuerpo y tiene todo el derecho de poner en riesgo tanto su salud como su vida. El Estado no tiene por qué intervenir ni coartar ese ámbito de libertades. O, en otras palabras, no tiene derecho a imponer ni un modelo de moral ni uno de vida.

10. Históricamente, el prohibicionismo nació de un impulso religioso y puritano a principios del siglo XX. La cruzada incluyó al alcohol y tuvo éxito al prohibirlo en los años veinte en Estados Unidos. El saldo fue desastroso. Por eso se abandonó. Pero la cruzada contra las drogas no sólo persistió sino se encarnizó bajo las presidencias de Nixon y Reagan.

11. Ese puritanismo de corte religioso ha sido siempre enemigo de los principios liberales. De ahí que la resolución de la SCJN deba ser aplaudida y saludada.

12. Por eso, y sólo por eso, los nombres de los cuatro ministros están ya inscritos en el libro de la historia.

13. A final de cuentas, la cuestión se reduce a una pregunta: ¿qué tipo de sociedad queremos? Una donde impere la libertad y el individuo elija su estilo de vida y sus pasiones u otra donde el Estado reprima e imponga su moral oficial, monolítica, como en Cuba y los países islámicos.

Twitter: @sanchezsusarrey

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