Opinión

La república del
'club de Toby'

  
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Promulgación de la Constitución de la CDMX. (Tomada de @claudiapavlovic)

Hubo cierto revuelo en las redes sociales por una fotografía del centenario de la Constitución.

Y es que salvo la gobernadora de Sonora, este 5 de febrero en el presídium del Teatro de la República había puros hombres.

“A 100 años de la promulgación de la Constitución, se puede observar el gran avance en la equidad de género”, tuiteó Lucía Vergara (@LuuMafu), quien puso en esa red social dos imágenes de puros hombres: la del domingo y la del Pleno en el teatro queretano en 1917.

No crean que estoy como los peñistas con Trump (por aquello de ver una oportunidad antes que una calamidad), pero en vez de lamentar la imagen, la agradecí.

Prefiero esa foto porque es fiel imagen de una realidad que discrimina a las mujeres. Prefiero eso a que alguien en Los Pinos hubiera pensado (es un decir) “uy, qué barbaridad, vamos a poner un par de mujeres porque salvo la licenciada Pavlovich hay puro bato”.

Entonces, supongo, habrían sumado a Arely Gómez y a Ximena Puente. En Los Pinos se habrían felicitado: listo, una secretaria de Estado y la titular del INAI. Equidad de género políticamente correcta… pero irreal.

Eso me lleva a un artículo que publicó The New York Times en diciembre, en torno a Donald Trump y su deseo de meter al gobierno a sus parientes.

Luego de que John F. Kennedy nombrara a su hermano procurador de justicia, Estados Unidos se movió para reglamentar el nepotismo en la política.

Norman Eisen y Richard W. Painter, exjefes de la oficina legal de la Casa Blanca para cuestiones éticas, sugerían en el Times que si Trump iba a deshonrar la ley que le prohíbe contratar hijos o yernos, si insistía en que su hija Ivanka y Jared Kushner fueran sus colaboradores, lo mejor sería que los contratara, así contraviniera la ley, pues era mejor tenerlos a la vista, con obligaciones claras de dar a conocer sus finanzas y su declaración de conflictos de interés, que tenerlos sin contrato pero detrás del trono, con acceso a información confidencial pero sin rendición de cuentas. (http://nyti.ms/2lfHMdF)

A lo mejor sólo quería citar ese artículo, pero tomo de él la idea de que es preferible que el problema sea muy evidente antes que disimularlo.

Porque la fotografía del teatro de la República no es el problema, es un recordatorio del problema: evidencia el país que somos en cuanto a género. Y es mejor verlo sin maquillaje, nada de poner a mujeres de relleno, sólo para evitar protestas de 'las feministas'.

Porque en cuanto a gubernaturas, estamos igual que hace 38 años, cuando ganó por primera vez una gubernatura una mujer: hoy sólo tenemos una entidad gobernada por alguien del género femenino. Y de 18 secretarías de Estado sólo tres son encabezadas por mujeres (no muy distinto a hace 36 años, cuando Rosa Luz Alegría ocupó la primera titularidad de una de esas dependencias). En la junta de gobierno del Banco de México hay cero mujeres; nunca hemos tenido una al frente de Hacienda o de Gobernación. Y en la revista esa de Líderes, de los 300 incluidos en 2016, sólo 8.0 por ciento son mujeres.

Vaya, incluso semanas atrás escuché a un priista descartar la precandidatura de Ana Lilia Herrera para el Edomex porque donde “hemos llevado candidata hemos perdido”.

Por si todavía les quedaban dudas: los protagonistas de la reciente promulgación de la Carta Magna de la Ciudad México fueron… puros hombres.

Esa es nuestra República. Un 'club de Toby'. Pero la culpa no es del presídium, sino de la realidad.

Twitter: @SalCamarena

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